Luego de cuatro meses intensos, la semana pasada concluyó el debate legislativo por la legalización del aborto en el país, en medio de la mayor movilización nacional por un tema de la agenda feminista. Luego de siete intentos, por primera vez se discutió en el Congreso un proyecto de ley presentado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito para modificar el código penal redactado hace casi cien años, cuando las mujeres no votábamos y los varones se adjudicaban la potestad de hablar y tomar decisiones por nosotras.

La discusión se caracterizó por una efervescencia particular en redes sociales. Si bien el proceso en el ciberespacio cuenta con una nutrida trayectoria testimonial y de presión, las primeras exigencias al poder legislativo para que dejara de hacer oídos sordos se registraron apenas iniciado el año, a partir de los dichos de un actor quien sacralizó el destino de la maternidad para las mujeres. Dentro de la catarata de respuestas en Twitter para desmitificar la relación de equivalencia entre mujer y madre, se destacó el hashtag #abortolegal, que lideró las tendencias durante dos días consecutivos.

A partir de entonces, las redes sociales fueron espacios privilegiados de manifestación de opiniones favorables a la legalización del aborto durante siete meses, desde hashtags muy potentes que lograron articular la demanda impulsada por décadas desde el feminismo. Tras la viralización de la propuesta #SoyFeminista en redes, hacia fines de enero con resonancias en las tendencias globales, la discusión llegó a programas televisivos del espectáculo, con alto rating. Esta circulación de discusiones sobre propuestas feministas repercutió de inmediato en redes sociales y desde el activismo digital feminista comenzó a cristalizar la exigencia de #AbortoLegalYa, con movilizaciones y “pañuelazos” en diferentes localidades del país, hasta configurar el hecho político denominado marea verde. Ante manifestaciones tan contundentes, el presidente, asesorado por analistas de buen olfato político, hizo público su gesto de habilitar el debate tan postergado en el Congreso.

Ahora bien, tras la media sanción a favor del proyecto de ley en la Cámara de Diputados a mediados de junio, sectores opositores copiaron ciertas estrategias para resultar más eficaces ante la opinión pública. Entre ellas, definieron incursionar en redes sociales, con cuentas no siempre verificables que, por momentos, remitieron a comportamientos automatizados, con hashtags como #SíALaVida y #NoAlAborto.


La respuesta fue contundente. El hashtag #AbortoLegaloClandestino logró desplazar el debate del terreno de la confrontación del Sí o No al aborto, para posicionar la discusión en la existencia de prácticas inseguras de aborto, muy lejos de preceptos religiosos. Aún cuando en el transcurso de la deliberación murieron mujeres por abortos clandestinos; el resultado final de la votación en el Senado, de rechazo a la ley, dejó al descubierto que un conjunto de 40 senadores y senadoras, al defender el status quo, no tuvieron propuesta política ante muertes evitables por abortos inseguros.

Mientras escribía estas líneas, Liz (nombre ficticio) murió en un hospital bonaerense, tras ser internada por las consecuencias del uso de perejil para abortar. De inmediato, estallaron las redes sociales y durante todo el día adjudicaron la responsabilidad de la muerte evitable de una mujer por aborto clandestino a quienes se opusieron a la legalización del aborto. Esperemos que esta indignación que reclamó desde #ElSenadoEsResponsable se mantenga viva e incida en las elecciones de representantes el próximo año.

*Prof. Titular e investigadora del IdIHCS-FaHCE UNLP. Expositora en las sesiones informativas del Congreso sobre el uso de redes sociales en el debate por la legalización del aborto. Twitter: @Claudia_Laudano