A pesar de mucho escepticismo por los analistas y casi cinco meses de duras negociaciones con los acreedores y un default selectivo, Argentina logró un acuerdo para reestructurar $66 mil millones de su deuda extranjera. Para lograr este acuerdo, el heterodoxo ministro de economía, Martín Guzmán, cedió a los acreedores casi 15 centavos por dólar desde su inicial posición, una posición inicial que tenía una magro aceptación de 13%.

El acuerdo final está más cerca de la posición inicial de los acreedores. El éxito de los acreedores estuvo basada en la composición de los bonos de la deuda. En comparación con la negociación de 2005 y 2010, está vez hubo menos acreedores y por esa razón fue relativamente fácil organizarlos y forjar una estrategia común con el gobierno. Entonces, la intención del gobierno de dividir y vencer a los acreedores, la estrategia ‘Pac-Man’ no logró frutos.

Para combatir el poder de los acreedores, el gobierno hizo muchas jugadas para ejercer presión. El gobierno logró un exitoso plan para sumar economistas de prestigio, el Papa y hasta el Fondo Monetario para apoyar su estrategia. Pero, no fue suficiente para desbloquear la estrategia de los acreedores más duros, como Blackrock. 

Con magros resultados con sus ofertas, la estrategia del gobierno cambió para endurecer. Hubo cinco postergaciones con el Presidente Alberto Fernández, frecuentemente diciendo que la oferta era “la última” y con el ministro diciendo que el país no aguantaba más. 

Al final, el arduo juego de póquer logró la aceptación de los acreedores. Guzmán destaca que el país va a ahorrar $38 mil millones entre 2020 y 2030. Ese ahorro no viene de un corte del principal (haircut), como en 2005, pero gracias a un corte de los intereses de 7% a 3%. Sin dudas, es un gran alivio para el tesoro argentino y da al gobierno recursos para intentar de reactivar la economía.

Un viejo ‘frenemy’
 
Pero Argentina todavía tiene que negociar con el Fondo Monetario para reprogramar sus vencimientos de la deuda que es aún más exigente que los pagos originarios a los acreedores extranjeros. Sin repogramación de la deuda con el Fondo, Argentina debería pagar casi $45 mil millones de dólares entre 2020 y 2023.  

En comparación con los acreedores privados, el Fondo no da ni corte de valor de la deuda ni  cambios en la tasa de interés. Lo que ofrece el Fondo es una reprogramación del  cronograma del repago a cambio de un Stand-by Agreement que tiene estrictos requerimientos de reformas estructurales. Guzmán reconoce que “las negociaciones con el FMI van a ser complejas.”

Como señala Mac Margolis de Bloomberg, “Para honrar el acuerdo con los prestamistas privados, Fernández no solo debe convencer al mayor acreedor del país, el Fondo Monetario Internacional… Sino que debe vender a sus propios compatriotas golpeados por la recesión los inevitables sacrificios y los desagradables cambios políticos requeridos para devolver a Argentina la solvencia y crecimiento.”

  

¿Tienes algo para esconder?

  

Recientemente en una entrevista televisiva, Fernández mostró un papel con el cambio del cronograma de pagos de la deuda. Dobló el papel por la mitad para mostrar solamente los ahorros antes de 2024,  estaba ocultando que el acuerdo postergó el grueso de los pagos después de su mandato. No solamente era engañosa pero muestra que el gobierno sabe que el país no esta fuera del bosque.

Un acuerdo con el Fondo es necesario para asegurar que el pago de la deuda es sostenible, pero no es nada suficiente. Argentina va a necesitar un plan económico y político para ordenar sus cuentas públicas e impulsar reformas para que el país termine con la fuga de dólares. Mirando la crisis en estos terminos, el horizonate es oscuro.

Fernández en una entrevista al Financial Times, uno de los más importantes diarios del mundo, decía que no cree en planes económicos. Su fallido intento de nacionalizar a Vicentin, una compañía en quiebra, dio al mercado una mala señal sobre el estado de derecho en el país. La polémica reforma de la justicia con la sospecha que es diseñada para dar impunidad a Cristina Fernández de Kirchner y sus hijos da la señal a los inversores que el país puede ser casi tóxico para invertir si hay un sensación que la justicia no va a ser eficaz en combatir la corrupción.

Con instituciones frágiles y poco transparentes el ‘costo argentino’ siempre va a ser alto, independiente de cualquier plan. Entonces, cualquier plan del gobierno va a ser como la épica de Sísifo.

  

Vamos al Fondo

   

Vemos los primeros pasos del ‘plan’ del gobierno posacuerdo. Ellos quieren hacer reformas para impulsar exportaciones para captar los dólares para pagar la deuda con su nuevo gabinete de comercio exterior. Como dice el canciller Felipe Solá, “Necesitamos aumentar las exportaciones en por lo menos USD 25 mil millones por año.” En 2011, Argentina exportó US$82 mil millones, mientras en 2019, el país exportó $65 mil millones. 

Para superar la cifra de 2011, no es suficiente designar programas ad hoc para apoyar algunos sectores.

Primero, Argentina va a necesitar ver un gran aumento de inversión para aumentar su producción. La razón por la que Argentina exportaba tanto en 2011 era porque los precios de sus productos fueron altísimos en esa época. Sin esperanza de altos precios en el futuro próximo, un aumento de exportaciones solamente va a venir de la producción.

Segundo, el país va a necesitar una política exterior orientada al comercio. Pero el propio Solá está en contra de las negociaciones del Mercosur para crear nuevo tratados de libre comercio. 

No hay coherencia en la estrategia del gobierno para hacer crecer la economía pospandemia. Simplemente, sin plan de fortalecer el estado de derecho y crear instituciones fuertes, desde punto de vista del exterior parece todo como un espejismo. 

  

*PhD en ciencias políticas por la Universidad de Toronto. Twitter: @NicSaldias