¿Es la economía argentina más frágil y vulnerable que otras similares? Esta es una pregunta recurrente en la Argentina en debates televisivos y artículos, y desafortunadamente la respuesta es “sí”. Sin embargo, la Argentina es también uno de los países que más potencial económico tiene, como explicamos en esta columna ante el G20 (“Una Oportunidad para Argentina”).

Hay cinco factores esenciales para entender la debilidad de la economía:

  1. El Peso. A pesar de las políticas expansivas de la Reserva Federal y del cambio de rumbo en el proceso de subida de tasas, el peso se encuentra, de nuevo, como la peor moneda con respecto al dólar en 2019. El dólar no se ha movido de manera relevante con respecto a la cesta de monedas con las que comercia, por lo tanto, es la debilidad del peso lo que lleva a que su comportamiento anual vuelva a ser de depreciación. Una moneda débil es un peligro para la estabilidad del país y los sucesivos gobiernos solo parecen querer poner parches a la equivocada política monetaria del Banco Central. Un peso débil no hace a la economía argentina más competitiva ni más exportadora, como desafortunadamente muestran las cifras. Si el país no afronta de manera seria y decidida el error de mantener una moneda en constante proceso de destrucción de su poder adquisitivo, va a ser difícil recuperar el potencial.
  2. La política monetaria es también gravemente inflacionista, y a la pérdida de poder adquisitivo de la moneda se añade a una inflación que no debería corresponder a un país con el potencial y capital humano de la Argentina. Argentina es, desde hace muchos años, un país con potencial de economía desarrollada y una política monetaria de país tercermundista. Muchos aseguran que dolarizar sería peor porque ya se intentó y llevó a una crisis, excepto que ese argumento es falso. Argentina no dolarizó, llevó a cabo un subterfugio cambiario de pegar el peso al dólar con un cambio de partida completamente inflado que llevó a que los desequilibrios se acumulasen. Argentina no tenía dólares, tenía pesos disfrazados. Dolarizar es lo que hizo Ecuador abandonando el sucre y que ha permitido que el país no cayera en una hiperinflación venezolana.
  3. Los altísimos impuestos. Una cuña fiscal que sigue siendo la más alta de la región y una de las más altas para empresas del mundo, se une a la inflación y depreciación del peso como una enorme barrera a la inversión internacional, al crecimiento y la creación de empleo. En Argentina siempre se escucha de los intervencionistas que “se recauda poco” y que por lo tanto no se pueden bajar los impuestos.  Sin embargo, al subirlos se pone freno a la creación de empleo, a la inversión productiva y la atracción de capital, y se recauda todavía menos.
  4. El alto gasto público. Negar el efecto depresor del gasto político extractivo, dentro de un gasto público que ya alcanza más del 45% del PBI, es un problema para un país con alto potencial. No solo es el gasto público más alto de la región, sino el más ineficiente según el Banco Interamericano de Desarrollo. La ineficiencia del gasto público en Argentina alcanza el 7,2% del PBI.
  5. Los resquicios de proteccionismo. De acuerdo con el índice de competitividad global del Foro Económico Mundial, la Argentina se ubica en el puesto 92 sobre 137 países. Desde hace tres años se ha parado la tendencia de deterioro generada entre 2012 y 2015, pero los retos son importantes. Uno de ellos es eliminar los resquicios de medidas anti comercio y proteccionistas impuestas desde la miope percepción de que el proteccionismo sustituiría las importaciones y fortalecería la economía. Aún quedan rémoras importantes de ese periodo que funcionan como desincentivo al crecimiento y, sobre todo, como alerta a inversores globales que prefieren evitar la inversión a largo plazo e intensiva en capital en Argentina.

    Es cierto que se están tomando medidas para revertir estos elementos de fragilidad, pero las reformas deben ser más valientes para evitar que la economía siga cayendo en 2019 y 2020. No es fácil cambiar políticas equivocadas sin reconocer el enorme agujero monetario y fiscal creado en la anterior administración, pero si las reformas no son decisivas y claras, la economía argentina continuará siendo frágil y más vulnerable a los ciclos económicos que otras similares. Con un potencial tan significativo de crecimiento y empleo como el de ese gran país que es la Argentina, merecen la pena ser valientes y acabar con los resquicios de políticas equivocadas pasadas.