Con el surgimiento de líderes populistas, hay una sensación de que los relatos son más importantes que los datos. La Argentina fue uno de los primeros países que vivió este fenómeno con su grieta entre nacionalistas y liberales. La grieta oculta la realidad por fines políticos; dependiendo de qué canal mirás o qué diario lees, la Argentina está mejorando o está en crisis. Donde hay grieta, es difícil saber cuál es la realidad que vive el país. Por ejemplo, en 2013 el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner decía que el país tenía un nivel de pobreza por debajo de Alemania. Ahora el gobierno de Mauricio Macri reconoce que el país vive una crisis de pobreza. Para un ciudadano común, estás contradicciones erosionan su fe en la política. La diferencia con el gobierno actual es que la comunidad internacional reconoce sus datos como serios pero la manipulación de los datos oficiales entre 2007-2015 creó una situación donde fue difícil saber cuándo empezó el relato y el dato, una sensación que permanece.