Cada día que pasa sin que proyectemos el diseño de un escenario de reactivación económica, es un día menos de vida para el entramado productivo nacional. La pandemia ha catalizado un proceso de concentración económica y aumento de las desigualdades en todo el mundo, que reverbera de forma especial en nuestro país.

A las PYMEs argentinas la crisis sanitaria nos encuentra con las defensas bajas. Las empresas que pudieron sobrevivir al industricidio de los últimos cuatro años, hoy se encuentran en terapia intensiva. Los planes de asistencia del gobierno fueron acertados y han significado una herramienta esencial para la supervivencia de nuestras fábricas. Pero si estas iniciativas no son acompañadas por una profunda reformulación de las lógicas de acumulación, todos aquellos esfuerzos habrán sido en vano. La única manera de aspirar a una nación inclusiva e igualitaria es construyéndola. Y esta construcción solamente es posible con los empresarios y trabajadores argentinos como eje.

Pensar un escenario de crecimiento sustentable, en un mundo que se cierra, sólo es posible si apostamos al desarrollo del mercado interno. Y para ello, el papel de las pequeñas y medianas empresas es fundamental. No solamente por su capacidad de reactivación, sino que también por su extensión territorial, por su cercanía al ciudadano y  por su voluntad de una distribución más justa de las ganancias.

Pero la velocidad y el alcance de esta reactivación están sujetas a la necesidad de reformular y promover nuevos contratos financieros y tributarios. Nuestras PYMEs necesitan financiamiento accesible y reglas de juego justas. Necesita de un Estado que estimule la inversión productiva y priorice la importación de insumos para la producción. Un Estado presente en las grandes decisiones, pero también en el trabajo coordinado a nivel local. Para que cada engranaje de la inmensa diversidad productiva que tenemos, opere en la dirección y al ritmo que nuestro país necesita.

Trabajadores, empresarios y el Estado. La ciencia y la educación. Porque otra brecha que este nuevo mundo agrandará es sin dudas la tecnológica. La digitalización de los procesos productivos, así como de los mecanismos de intercambio, demandará nuevas calificaciones. La irrupción del teletrabajo nos invita a replantear la espacialidad de nuestras plantas. Nos urge la aplicación de tecnologías que nos permitan crear mayor valor agregado, optimizar nuestros recursos y brindarle a nuestros trabajadores cada vez mejores condiciones de empleabilidad.

Cada día que pasa sin que pongamos estas fuerzas a trabajar en conjunto, es un día menos de vida para nuestras empresas. Y es por ello que, independientemente de cuál sea la forma o nombre que adopte esta plataforma de trabajo coordinado, debemos ser los dirigentes de entidades PYMEs los responsables de promoverla, organizarla y llevarla adelante. Somos quienes mejor conocen la situación. Somos los actores principales de la reactivación que tanto necesitamos. Comencemos por aceptar este compromiso.


*Empresario Pyme Textil. Presidente Centro Estratégico para el Crecimiento y Desarrollo Argentino (CECREDA). Twitter: @CECREDA / @MauroGonzalezAr