En una fecha cargada de simbolismos, Cristina Kirchner y Alberto Fernández protagonizaron un verdadero duelo verbal, político y discursivo sobre qué hacer con la deuda y el FMI (sobre el rumbo del Gobierno, en definitiva) nada menos que frente una Plaza de Mayo colmada, que se llenó para festejar el día de la Democracia y de los Derechos Humanos. “A grandes adversidades, grandes acciones. Presidente, comprométase que cada dólar que encontremos en el exterior se lo vamos a dar al Fondo”, sorprendió la vicepresidenta para luego exigir, frente a miles de sus fieles, que no haya ajuste. “Tranquila, Cristina, no vamos a negociar nada que signifique poner en compromiso el desarrollo social en la Argentina”, contestó el Presidente, que eligió recoger el guante.  

Sin ponerse colorados, ambos trasladaron el debate interno respecto del rumbo a tomar nada menos que frente a las 250 mil personas que según la organización del acto llegaron a la plaza. Lo que nació con la idea de reivindicar los años de la Patria Grande forjada en la primera década de los 2000, con Ignacio Lula Da Silva y José Pepe Mujica como protagonistas, derivó en una suerte de cabildo abierto deliberativo, teñido por una coyuntura apremiante y la nostalgia de tiempos mejores. 

Toda la carga histórica y simbólica de los visitantes se respiraba en el ambiente y en la calle, y también e impregnó los discursos, aunque no alcanzó para desviar demasiado el foco de lo verdaderamente importante. La vice y su Presidente recorrieron largos tramos de la historia reciente, desde la dictadura hasta el macrismo —sin pasar por alto el recuerdo del estallido del 2001, del que pronto de cumplen 20 años— pero no lograron eludir la urgencia de la situación política y social, con el acuerdo con el FMI de trasfondo. Horas antes del acto, incluso, mientras ambos agasajaban puertas adentro de la Rosada a sus visitantes latinoamericanos, el propio organismo hacía pública por primera vez la hoja de ruta de un posible acuerdo. 

"Se dice que Argentina no tiene dólares. Es mentira, los tiene, fugados en el exterior, en los paraísos fiscales. Necesitamos que el Fondo nos ayude a recuperarlos, para que les paguemos. Y no olvidemos que el Fondo le soltó la mano a varios presidentes", lanzó CFK dirigiéndose directamente a Fernández, que debía tomar la palabra para cerrar el acto. El Presidente entendió la bomba que había recibido y no se achicó. "No vamos a negociar nada que ponga en peligro el crecimiento del país. Cristina, no tengas miedo que si el FMI me suelta la mano voy a estar agarrado de la mano de ustedes”, dijo. Y agregó, eufórico: “La Argentina del ajuste es historia”.

A esa altura las intervenciones de Lula agradeciendo su compromiso con su liberación a Fernández y de Mujica llamando a defender la democracia, que fueron ampliamente festejadas por la plaza, habían quedado en un segundo plano. La tensión se apoderó de la tardenoche. Para colmo, también se cumplían dos años exactos de la asunción del Frente de Todos, en un escenario calcado. Deuda, dictadura, Fondo, Derechos Humanos, 2001, Macri, Néstor Kichner y el recuerdo de la Patria Grande que brilló la década anterior conformaron un combo de referencias que le dió a la jornada una densidad política brutal, de esas que se recuerdan por largo tiempo. 

Hubo, sobre el final, algo de luz. "Haremos todo lo necesario para que cada argentino tenga un empleo digno", prometió Fernández e insistió con la premisa de que "primero están los más postergados". Despidió a la plaza con un llamado a "construir otra Argentina, una Argentina libre, justa y soberana como siempre hicimos los peronistas".

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Lula y el Pepe

El ex presidente uruguayo, fiel a su estilo, fue escueto y campechano. “La democracia no es perfecta pero no hay un sistema mejor”, dijo. “Cuídenla y no la estropeen”, agregó. Pero el plato fuerte era su par brasilero, al que cedió enseguida el micrófono. 

Lula, que todo parece indicar va a pelearle la presidencia a Jair Bolsonaro en octubre de 2022, se deshizo en elogios a Fernández, a quien agredeció por el coraje de visitarlo en la cárcel de San Pablo, hace dos años. “Agradezco a diputados, senadores, estudiantes, y sobre todo al compañero Alberto Fernández, que en ese momento era candidato a presidente de la Argentina. Tuvo el coraje de visitarme cuando era candidato”. 

El ex presidente de Brasil durante dos mandatos recordó los tiempos en gobernó junto a Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa. “Me acuerdo cuando terminamos con el ALCA y creamos Unasur y Celac. Me acuerdo cuando viajamos con Cristina a las cumbres donde planteamos nuestras propuestas ante la crisis financiera internacional”.

Nadie se animaba a decirlo claramente, hasta que la propia CFK sorprendió a todos cuando pidió que Lula “sea el próximo presidente de Brasil”. En ese momento, la plaza contestó “Lula va a volver”, parafraseando el cantito de los tiempos de resistencia. “Cuando cantan eso no se equivocan, Lula”, bromeó. La diplomacia con el país más grande de América del Sur se debía agarrar la cabeza.

Cristina

“Despabílense”, chicana dedicada a la UCR, y “a la bartola”, dirigida a “los que tiran números y hacen los giles en la TV”, dos frases con destino de remera y cotillón kirchnerista. Relajada, CFK se centró en una extensa descripción de la coyuntura y la historia reciente. 

“El FMI vivió condicionando a la democracia argentina”, advirtió y dejó en el aire que a Raúl Alfonsín y a Fernando de la Rúa “se los comió el Fondo” y “les soltó la mano”. “Por eso les pido a los radicales que por favor se despabilen”, dijo. 

Otra de las frases para el recuerdo llegó de la mano de la “deuda externa en dólares que nos dejaron como herencia. En dólares, no en pesos. A ver si se dejan de hacer los giles cuando tiran números a la bartola en la TV”. Otro de los puntos altos fue cuando, al recordar su paso por la Rosada, disparó que "nadie generó más clase media que el Peronismo".

"Presidente, yo sé que tenemos muchas dificultades pero siempre digo que ante las grandes adversidades grandes acciones. Digámosle al Fondo que nos ayude", fue el tramo más tenso. Sorprendió con la idea, inédita públicamente, de utilizar los dólares fugados al exterior para pagarle al Fondo, lo que fue, claramente, otra zancadilla a Fernández. Fue el único dardo que el Presidente prefirió no contestar.