El terremoto libertario aún sacude toda la estructura del sistema político argentino, particularmente la del oficialismo peronista, que hizo la peor elección de su historia. Las dificultades de un candidato que a la vez es ministro de Economía en medio de una crisis explotaron en las urnas y preanuncian aún más escollos en lo que viene de cara a las generales y un eventual balotaje. Con Massa en Washington intentando cerrar los desembolsos del FMI que le permitirían sostener la actividad económica, contener los tipos de cambio paralelos y volcar recursos a la calle para intentar llegar a octubre con una mejor percepción de la economía, vale repasar algunos puntos el candidato de UP deberá sortear y que no auguran muy buenas perspectivas.

En principio, este miércoles se conocerá el dato de actividad económica expresado en el EMAE, el Estimador Mensual de Actividad Económica que registra el INDEC. Para un oficialismo que hace campaña bajo la consigna de un país de la producción y el trabajo, las caídas que viene registrando la actividad económica mes a mes, producto de la falta de reservas para garantizar las importaciones necesarias del sistema productivo argentino, son un golpe al mentón que las dos expresiones de la oposición pueden utilizar en campaña y que, de seguir evolucionando en la tendencia actual, puede empezar a sentirse con más fuerza en el llano.

Los últimos dos datos del EMAE fueron duros para el Gobierno. A fines de junio se conoció una caída en el mes de abril del 4,2% respecto al mismo mes del 2022. A mediados de julio, el indicador marcó una caída en mayo del 2023 del 5,5% con respecto a mayo del año pasado. De registrarse una nueva caída en junio, se consolidaría una tendencia que sumaría al malestar económico por la inflación y pegaría directo en la línea de flotación del ministro candidato.

Tras ese dato presumiblemente negativo para UP debería llegar el tan anunciado desembolso del FMI, un oasis para el desierto de reservas que es hoy por hoy el Banco Central y que repercute en los niveles de actividad. Resuelta esa que aún sigue siendo una incógnita, el sábado 2 de septiembre comenzará oficialmente la campaña hacia las generales.

El noveno mes del año traerá nuevos datos que difícilmente signifiquen buenas noticias para un oficialismo con la suerte atada a la economía. El jueves 14/9 llegará el dato de inflación de agosto, que contendrá la devaluación del 21% del tipo de cambio oficial post PASO y supondrá, seguramente, un fuerte salto con respecto al 6,3% de julio. El fin de la tendencia a la baja que se dio entre mayo y junio, con una pequeña suba en julio, tendrá inevitablemente un fuerte sacudón que volverá a pegar en las aspiraciones del oficialismo.

Sólo en la semana post electoral, la consultora LCG, que monitorea mes a mes la suba de los precios, registró una suba del 4,1% en alimentos. Para la medición de la consultora, en las últimas cuatro semanas se habría producido un alza del 10,7%. De ser así, el ministro candidato deberá ponerle la cara a la primera inflación mensual de dos dígitos desde principios de los 90.

Una semana después llegará otro indicador que el kirchnerismo supo enarbolar como bandera de sus gestiones, y que en la actualidad también viene mostrando retrocesos. Se trata del dato sobre la distribución del ingreso y la desigualdad, medido a través del coeficiente de Gini. El mismo es un indicador que va de 0 a 1, siendo 0 una igualdad absoluta de los ingresos per cápita familiares y 1 la desigualdad absoluta. El cuatro trimestre del 2022 marcó un 0,413 para el indicador, mientras que el último dato que se conoció el 29 de junio para el primer trimestre del 2023 registró un 0,446, acercándose al 0,5 que marcaría el punto medio en una tendencia de una desigualdad creciente.

El martes 26/9 se publicará un nuevo dato de actividad del EMAE, correspondiente a julio del 2023, que podría sostener una tendencia a la baja de la actividad económica. Pero quizás el golpe más duro que podrá recibir el oficialismo y su ministro candidato llegue el miércoles 27/9, cuando se conozca el dato de pobreza del primer semestre del 2023. En 2022, los primeros seis meses terminaron con una pobreza del 36,5% que afectaba a unos 17,3 millones de argentinos, mientras que el año culminó con 39,2%, unos 18,6 millones de personas bajo la línea de pobreza. La indigencia, por su parte, llegó al 8,1%. Con la retracción económica, y la disparada inflacionaria del 2023, es casi seguro que ese indicador empeorará ubicando la pobreza por encima del 40%, un puñal en el corazón del peronismo que menos de un mes después deberá medirse en las urnas.

El primero de octubre aparece en el calendario como la fecha del primer debate presidencial, y Massa llegará con esas marcas a cuestas para defender la propuesta del oficialismo frente a Javier Milei y Patricia Bullrich. Una semana después, el 8 de octubre, será el segundo debate. Finalmente, el 12/10 se conocerá la inflación de septiembre y allí el Gobierno esperará un número más bajo que el de agosto, con el dólar oficial planchado tras la devaluación post PASO. Algo difícil de imaginar en un contexto de disparada de todos los indicadores y desorden económico generalizado.

Así se llegará al domingo 22 de octubre, día de las elecciones generales, que determinarán si hay ganador en primera vuelta, si hay balotaje y entre quiénes, y si el peronismo consigue retener la provincia de Buenos Aires. Dos días después, el 24/10, se publicará el dato de actividad económica correspondiente a agosto.

En caso que Massa llegue a un balotaje con Milei, tendrá un par más de piedras en el camino. En principio, aún no está claro si deberá afrontar una nueva revisión del FMI antes de esa instancia, y si el organismo de crédito internacional realizará lo que sería un segundo desembolso tras el que se espera para estos días. Sea como fuere, el 12 de noviembre es la fecha señalada para el debate entre los candidatos que accedan al balotaje. Pero como si todo este campo minado no fuera suficiente, Massa deberá soportar un dato inflacionario más antes de los comicios, exactamente el 14/11 cuando se conocerá el IPC correspondiente a octubre.

En ese marco se llegará al 19 de noviembre, domingo en que, si no hay ganador en primera vuelta, el país determinará quién será su próximo presidente. El ministro candidato que se “agarró una papa caliente” y se hizo cargo de una economía en crisis para perseguir su sueño presidencial tiene un camino lleno de espinas por recorrer en las semanas que restan para la definición. Con los pilares de UP aún temblando tras el bombazo de las PASO, habrá que ver si el oficialismo logra recuperar fuerzas y ejecutar una campaña unificada, acompañada de medidas económicas que se sientan en el bolsillo de la población, y movilizar a los más de dos millones de personas que no fueron a votar en agosto. Con la esperanza borrosa en el horizonte, lo único que emerge con claridad para el peronismo son más y más obstáculos para su epopeya reeleccionista.