El consenso, unir a los argentinos, conciliar las posiciones en que parecía haberse atrincherado la sociedad fue lema e inspiración del triunfo electoral de Alberto Fernández hace menos de dos años. La crisis sanitaria del coronavirus y la crisis económica que conllevó parecían ahondar por este camino. Sin embargo, las trincheras políticas se arman y rearman a cada paso.

Desde la oposición los fracasos económicos de la gestión Macri no parecen haber movido demasiado sus apoyos fundamentales. La caída de los niveles de imagen de Macri -es uno de los dirigente con mayor imagen negativa- no parecen alterar este esquema y Cambiemos sigue manteniendo un caudal de apoyo electoral de un tercio de la población. Mientras que en los sectores dominantes hay una tendencia hacia una conformación monolítica de la agenda pública que intenta cristalizar la naturaleza de los bloques. De un lado los que “van por todo”, del otro los que “luchan contra el populismo”.

Es indicio de que comenzó la campaña por las legislativas de mediados de octubre, pero las formas discursivas muestran avances, retrocesos y posiciones de ambos contendientes. Lo característico de este fenómeno sin embargo es la posición fija, la trinchera, porque hay una conformación monolítica de la agenda pública que hunde sus raíces en divisiones identitarias, de clase social y en relatos donde los “buenos” van a triunfar sobre los “malos”, sin querer profundizar sobre lo que verdaderamente pasa y qué medidas son necesarias para hacerles frente.

Desde el otro lado de la vereda, frente a las condiciones de un fuerte endeudamiento, una inflación ascendente y un aumento de la pobreza superior a dos dígitos que levanta el murmullo de la calle podríamos preguntarnos por qué la gestualidad del diálogo y el consenso que propuso Alberto Fernández tuvo como respuesta manifestaciones de mayor enfrentamiento en defensa de un consenso que se tejió “contra” la era K. Aparece así, a cada paso del Frente de Todos un límite a sus aspiraciones originarias que vuelven a posicionar las trincheras amargas del territorio político sin haber avanzado decisivamente sobre el contendiente.

El equilibrista, Alberto Fernández, se enfrenta al límite a pesar de posibles lecturas de su discurso inaugural del Congreso, sin que por ello exista un reconocimiento de que el diálogo y el acuerdo exigen cambios que nutren los momentos decisorios de la política. Realizar esos cambios y que estos se basen en acuerdos sociales y económicos que le dan fundamento.

Para Alberto Fernández y para el Frente de Todos se plantea la necesidad de consolidar alineamientos políticos y electorales que van a ser claves para enfrentar las tormentas de este año y de los venideros. Por eso, el sentimiento contrario a Macri no basta por sí solo para consolidar una fuerza política y electoral que trascienda el equilibrio interno, la búsqueda de tiempo y las posiciones ganadas hasta el momento.


*Lic. en Sociología (UNLP), Docente (UBA, UNLAM) y Director de Circuitos Consultora. Twitter:  @pabloroma81 | @circuitosconsul