El IPC de 20,6% que se conoció en la tarde del miércoles consolida el éxito del plan motosierra y licuadora, el modelo económico de Milei que impone una brutal caída del poder adquisitivo del salario y la recesión económica como las recetas milagrosas para bajar la inflación. Lo paradójico es que, en ese trayecto, es justamente una infernal disparada inflacionaria la que va haciendo el trabajo sucio de recortar salarios y frenar la actividad.

El resultado del combo son pésimos indicadores para esas tres variables en lo que va del experimento libertario, sin contar aún el impacto de incrementos que se dieron en febrero o se darán en los próximos meses, como el transporte público, las tarifas de servicios, nuevos aumentos en combustibles, etc. La promesa es  la luz al final del túnel para el segundo semestre, cuando empezarían los brotes verdes, fórmula copiada y repetida del fracasado gobierno de Mauricio Macri, que falló justamente en no controlar la inflación, destruir los salarios y la actividad económica.

PRECIOS POR ASCENSOR

Aunque el Gobierno festeje la “tendencia a la desaceleración” de la inflación, lo cierto es que la disparada de los precios no sólo está tocando sus picos de las últimas tres décadas, sino que aún tiene meses muy calientes por delante. El 20,6% informado por el Indec para enero  y el 25,5% de diciembre son las dos mediciones mensuales más altas desde febrero de 1991, cuando el IPC fue del 27%. Aún en pañales, el proyecto anarco capitalista ya acumula 46% de inflación en sólo dos meses de gestión.

Nuevamente los bienes y servicios encabezaron la lista de aumentos, llegando a un 44,4% en enero que sumado al 32,7% de diciembre trepan al 77% exponiendo la brutalidad en la decisión de liberar todos los precios de la economía. Transporte también volvió a estar en el podio con un 26,3% de aumento, 58% sumando la suba de diciembre y sin que impacten aún los aumentos decretados por Economía para el transporte público. Comunicación completa la tríada de mayores aumentos, con un 25,1%.

Alimentos se ubicó esta vez levemente por debajo del nivel general, con un crecimiento de 20,4%, nueve puntos menos que en diciembre pero totalizando 51,4% en los dos meses del gobierno de Milei. Con esas cifras, el rubro Alimentos lleva 296,2% de aumento en los últimos doce meses, superando por más de 40 puntos el nivel general de 254,2% de inflación, y sólo superado por Bienes y Servicios que llegó al 311,4%.

Lo más preocupante es que, lejos de la mirada que pretende instalar el oficialismo, los aumentos recién empiezan y tienen pista libre para seguir corriendo. Por ejemplo, consultoras privadas ya relevaron un incremento del 3,8% para los alimentos tan solo en la primera semana de febrero, augurando un repunte de la merma observada entre diciembre y enero.

Marzo ya de por sí es un mes con importantes subas de precios estacionales, particularmente referidos a educación y servicios. A esos incrementos habrá que sumar el impacto de las subas en el transporte público que iniciaron en febrero y los nuevos aumentos que se esperan en este rubro para el mes que viene. Las tarifas de electricidad comenzaron a ajustarse en febrero y el mes que viene será el turno del gas. También habrá en marzo una nueva de suba en combustibles.

Los alquileres registran una suba interanual del 260%, por encima de la inflación, según un estudio de Zonaprop. Las prepagas aumentaron un 40% en enero y entre 25% y 30% en febrero. Tras la derogación del DNU 690/2020, que definió a las telecomunicaciones como servicios públicos en competencia y estableció una regulación de sus tarifas, internet y el cable promediarán nuevas subas en torno al 15% este mes.

Éstos son solo algunos de los precios que empujarán al alza la inflación en los próximos meses. Independientemente de que puedan registrarse algunos puntos de baja en el IPC general, la cuestión es cuánto resiste el bolsillo y la economía de los argentinos aumentos mensuales cercanos al 20%. La mega devaluación que tuvo un impacto del 118% de Caputo y Milei duplicó la velocidad a la que venían subiendo los precios, y esa es más bien la tendencia que se instala más que una baja de la inflación, aunque el gobierno celebre los cinco puntos menos que en diciembre.

SUELDOS POR ESCALERA... Y ARRASTRÁNDOSE

La contracara a los aumentos de precios es la brutal caída de los salarios. En diciembre el salario real cayó un 13,7% según la medición del RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables), marcando la mayor caída para un solo mes desde que se inició la serie en 1994. La variación mensual indicó una suba del salario del 8,3% que, contrastada con el 25,5% de inflación determinó un primer hito para el modelo motosierra y licuadora: Milei ya tiene el título de ser el presidente que más hizo caer el poder adquisitivo de los trabajadores en un mes. El ataque al salario resultó superior incluso al de la salida de la convertibilidad, que tocó su techo con un retroceso del 9,4% en abril del 2002.

Para dimensionar esa caída basta contrastarla con el 20% de retroceso del salario real durante la gestión Cambiemos. Milei en un mes ajustó los salarios un 60% de lo que lo hizo Macri en cuatro años. El grupo de economistas nucleados en el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) comparó la pérdida del salario en diciembre con la peor serie histórica, que abarcó 14 meses entre 2002 y 2003 totalizando una caída del 29%. Milei y Caputo recortaron la mitad de eso en sólo un mes, y según los economistas dejaron el poder adquisitivo “a muy poco del mínimo histórico alcanzado en abril del 2003”.

La falta de recuperación del salario fue la gran deuda del gobierno del Frente de Todos, potenciada en los últimos meses de gestión y campaña. MATE tomó el salario promedio del sector privado registrado, que en diciembre se ubicó en los $484.298, y realizó un cálculo a pesos constantes en el que determinó que en noviembre ese promedio era de $560.932, y en julio de $631.588. El resultado da una caída del 24%, un cuarto del poder adquisitivo del salario perdido en la última mitad del 2023, más de la mitad de ello durante el primer mes de la presidencia de Milei. A su vez, el año pasado fue el sexto año consecutivo de caída del poder adquisitivo, otra serie inédita en la historia.

Peor aún, el retroceso de los últimos meses sumado a la disparada inflacionaria dejó el salario promedio bien por debajo de la línea de pobreza. La canasta familiar para una familia de dos mayores y dos menores fue en diciembre de $495.798. Es decir, $11.500 más que el salario promedio, que quedó 21% debajo de esa línea. MATE comparó esta situación con el 2015, cuando un salario promedio alcanzaba la línea de pobreza de un hogar y aún le sobraba un 37% del ingreso.

Este jueves se dará la primera reunión bajo la presidencia de Milei del Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil que definirá el nuevo sueldo básico. Durante 2023 el mínimo se incrementó en un 151,8%, totalizando una caída del 19% frente a la inflación anual del 211,4%. En diciembre, el haber mínimo quedó en la mísera suma de $156.000. Héctor Dáer, titular de la CGT, ya adelantó que la central pedirá un aumento del 85%, para dejar el mínimo en $290.000. Restará esperar la postura del Gobierno, aunque las perspectivas no son auspiciosas.

Para botón de muestra bastan las recientes declaraciones de Federico Sturzenegger en el Foro Panamericano de la Escuela Herbert de Negocios de la Universidad de Miami. El responsable del Megacanje (por el que fue procesado), protagonista del fracaso económico macrista y flamante ideólogo externo de las iniciativas medulares del gobierno de Milei, el DNU 70/2023 y la Ley Ómnibus, dejó en claro ante una tribuna amigable qué espera el oficialismo en torno a los salarios: “Cuando cayó la convertibilidad, los salarios bajaron 40%. Y la gente decía 'bueno, tiene que caer porque el otro sistema no aguantaba más'. Yo siento que en la Argentina hay una sensación de la misma manera” afirmó con liviandad en medio de la crisis brutal que sufre el país.

SI NO HAY PLATA, NO HAY ECONOMÍA

El resultado inevitable del cuadro económica actual es un freno de la actividad y una fuerte caída del consumo. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó los resultados de su último relevamiento, en el que reveló una merma del 28,5% anual en las ventas de comercios minoristas pyme durante el mes de enero.

El panorama se ensombrece cuando se desglosa esa caída. En alimentos, la retracción fue del 37% mientras que las compras en farmacias cayeron 47%. Otros rubros importantes para seguir la evolución de la actividad económica también mostraron fuertes retrocesos, como la construcción, que se desplomó en un 29%, el patentamiento de autos que lo hizo en un 32,7% o el de motos, que cayó 18,7%.

A este contexto se le suma el brutal ajuste fiscal llevado adelante por el Gobierno Nacional. Los recortes de 30% en jubilaciones, 50 mil empleos públicos, 200 mil planes sociales, el ajuste del 97% en el Potenciar Trabajo, el freno total a la obra pública y las transferencias a las provincias, todas decisiones reivindicadas por el Presidente en una entrevista a la TV italiana, profundizan el cuadro recesivo de la economía argentina sin que aparezca ningún atisbo de recuperación en el horizonte.

EL ÉXITO DE MILEI

Lejos de ser resultados de una mala praxis, todos los indicadores mencionados y su impacto en la vida cotidiana de los argentinos fueron siempre el objetivo del Presidente y su equipo económico. En su mesianismo de mercado, sólo después de una importante recesión con gran caída de los salarios será posible controlar el drama inflacionario y sentar las bases de una recuperación económica. Milei, Caputo, Sturzenegger y compañía son perfectamente conscientes de las penurias a las que someten a la sociedad con sus decisiones, y eligen ese camino confiando religiosamente en las leyes del mercado.

El problema es que todas las experiencias previas que llevaron al país en esa dirección lo condujeron a peores crisis, con más pobreza y desempleo, y siempre dejándolo más endeudado. La confianza ciega en las mismas recetas que fracasaron una y otra vez denotan un pensamiento mágico por parte del Gobierno, que además toma decisiones mirando planillas de Excel y no la realidad de su pueblo en la calle.

¿Cuánto más ajuste, cuánto más empobrecimiento de la gran mayoría de la sociedad necesita el modelo teórico de motosierra y licuadora empezar a mostrar algún resultado positivo? ¿Cuánto más ajuste, cuánto más empobrecimiento puede soportar el pueblo argentino, que viene perdiendo poder adquisitivo hace al menos seis años? ¿Qué será lo intolerable para una sociedad en la que se normalizó un 40% de pobreza, que vive hace 10 años entre el estancamiento y las caídas económicas y con inflaciones de al menos dos dígitos? Cualquier pronóstico es futurología en la Argentina de la inestabilidad y la crisis permanente. Mientras tanto, Milei avanza con su plan motosierra y licuadora, respaldado por el establishment económico, hacia un país con más concentración económica y mayor fragmentación social.