Ante la caída de la autoridad que representaba al poder de la monarquía española, prisionera de Napoleón, se gestó un proceso de cambio que se inició con la creación de la Primera Junta, la cual incluyó a los distintos sectores de poder que pisaban fuerte en la capital virreinal, incluido el pueblo.

Al remontarnos a esta época, no podemos dejar de pensar que el derrumbe del mundo conocido por estas colonias fue una crisis, pero al mismo tiempo una oportunidad.  

Desde ya, no fue un proceso fácil y estático, llevó años, enfrentamientos, guerras, avances y retrocesos, pero las jornadas de mayo fueron el origen de la independencia y el surgimiento de las nuevas naciones del cono sur. Es ahí, donde esta fecha nos hace reflexionar acerca del cambio constante que atravesó nuestra Nación hasta el día de hoy y lo que aún queda por recorrer.

Dos siglos más tarde, nuevamente nos encontramos ante otra coyuntura y una nueva oportunidad. El gobierno en 2015 se encontró con un país desgastado institucionalmente: un poder judicial desprestigiado y cuestionado, el Congreso Nacional convertido en una escribanía con leyes del oficialismo aprobadas sin debate, un sistema de medios de comunicación propagandístico y al servicio de los intereses del gobierno que coartaba la libertad de expresión de los medios que no eran afines a esa dinámica y un Instituto Nacional de Estadísticas y Censos que alteraba los números por considerarlos estigmatizantes.

En la última elección fue la participación del pueblo, una vez más, la que marcó un antes y un después en la historia de nuestro país. Una necesidad de terminar con, lo que hasta el momento, había sido el rumbo por el que la política tradicional había guiado a nuestro país, tuvo como resultado el triunfo de una nueva fuerza llevando al fin de doce años de hegemonía. A partir de ahí la oportunidad de un cambio rotundo del rumbo institucional, político y económico del país se hizo visible.

Una transformación que, por supuesto, no es inmediata y que incluye altibajos, pero que tiene un objetivo claro. Y un país dónde se respeten las instituciones es el primer paso para la construcción de un país desarrollado en todos sus aspectos. En eso se centró la primera parte de este gobierno, en el de sentar las bases de una República sólida con instituciones creíbles y transparentes, en el que la Justicia sea independiente, en el que el Congreso recupere su rol generador de consensos y en el que exista un sistema de medios de comunicación que respete la libertad de expresión.

El movimiento de cambio afrontó, desde su asunción, un proceso de reconversión de la transparencia y de la solidez de las instituciones que evoca los valores iniciáticos de esta República y de su independencia. Había que dar ese paso previo para responder a las demandas sociales de manera legítima y eficaz.  

Si bien el cambio está en pleno proceso, es un gran desafío seguir confiando en esta oportunidad que tenemos todos los argentinos, para adoptar políticas de estado de aquí en adelante, aquellas que forman parte de las estrategias centrales del país y que no varían a pesar del color político- ideológico de cada gobierno. De esta manera, nos posicionaremos más firmemente antes los vaivenes de la coyuntura.

Creo que en este camino seguiremos sintiéndonos orgullosos de lo construido a través de la historia, pero sin volver a cometer errores del pasado. Depende de todos nosotros, cada uno desde el lugar que ocupa, teniendo en común el amor a nuestra patria y la convicción de que, de las crisis surgen nuevas oportunidades que debemos aprovechar a nuestro favor.