A tan solo 11 días del balotaje que definirá los destinos de la Argentina quizás por bastante más que los próximos cuatro años, Sergio Massa encaró esta semana una gira de reducción de daños por territorio hostil para UP. Córdoba y Santa Fe fueron las provincias de la región centro visitadas por el ministro candidato, que se propuso intentar al mismo tiempo un crecimiento propio que le ponga un techo a las posibilidades de Milei, en una zona del país que viene siendo hace tiempo el núcleo del contrapeso al peronismo de Buenos Aires y el Norte Grande.

En Unión por la Patria saben que sus chances para ganar el balotaje dependen fundamentalmente de la performance que Massa puede lograr en la PBA, provincia del 37% del padrón nacional y la gran locomotora que traccionó el triunfo del pasado 22-O. Sin embargo, el crecimiento en la PBA ya es todo un desafío luego de la enorme remontada entre las PASO y las generales, y los nuevos votos que puedan obtenerse allí deben ser acompañados por un buen desempeño en los distritos adversos donde Macri y Milei buscarán hacer su diferencia. Córdoba es la nave insignia de la aspiración de ese nuevo eje de ultraderecha, y el antecedente del balotaje 2015 la esperanza a la que se aferran pensando en repetir la gesta que llevó a Macri al poder hace ochos años.

Es por esto que, tanto Massa como Milei, apuntan sus cañones a la provincia mediterránea. El candidato libertario eligió cortar una serie de cierres de campaña en el Movistar Arena de la CABA para mudar a territorio cordobés el último de sus actos antes de las elecciones del 19. Massa, por su parte, recorrió importantes ciudades de la provincia esta semana, realizó anuncios focalizados a la población cordobesa y desplegó un operativo seducción para con dirigencias locales, que afrontan el gran dilema entre los condicionamientos de las posiciones de Schiaretti y Llaryora y el instinto de supervivencia.

La batalla de Córdoba

SEGUIDISMO AL VOTANTE VS. PRAGMATISMO

Massa recorrió a principio de esta semana las ciudades de Río Cuarto, Villa María y Córdoba, en una gira que incluyó la incorporación de siete municipios a la tarjeta SUBE, mejoras para productores de biodiesel y medidas en materia de retenciones para productores agropecuarios. La recepción de las líneas tiradas por Massa por parte del peronismo cordobés fueron disímiles. Mientras la dirigencia del partido se mantuvo firme en su prescindencia de optar por una de las opciones de cara al balotaje, aunque fue especialmente crítica para con Massa, las estructuras locales fueron mucho más enfáticas en su aproximación al ministro candidato y no pocas ya trabajan para su candidatura. 

Massa destinó al histórico puntero duhaldista Juan José Álvarez al armado  de la estrategia y el territorio cordobés, a la caza de adhesiones de dirigentes y votos que quedaron huérfanos tras las generales. La operatoria no parece haber reportado mucho éxitos en la cúpula del cordobecismo, donde aún pisa fuerte Juan Schiaretti, quien fustigó “el desastre económico que viene haciendo el gobierno kirchnerista de Sergio Massa”. 

Tampoco consiguió Massa un impacto concreto sobre el gobernador electo, Martín Llaryora, a quien convocó explícitamente en su acto en la ciudad de Córdoba cuando expresó “gobernador, armemos la agenda, Córdoba es el corazón de la Argentina, tenemos cuatro años de trabajo juntos”. Massa había pedido “perdón por el desencuentro de tantos años” a los cordobeses, pero sus puentes no llegaron hasta la cúpula del peronismo provincial, que se mantiene firme en sus posiciones.

La explicación de ello parte de los estrechos vínculos entre Schiaretti y Macri, como también de un seguidismo al votante cordobés, históricamente refractario a todo lo que se acerque siquiera al kirchnerismo. Sin embargo, de ahí para abajo, el peronismo cordobés tiene un importante ruido interno frente a una de las definiciones más importantes de los últimos tiempos.

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Dirigentes como Natalia de la Sota o Alejandro “topo” Rodríguez, integrantes del interbloque de Diputados que responde a Schiaretti, ya se inclinaron abiertamente por Massa. También lo hizo Martín Gil, intendente de Villa María, una de las localidades que se vio beneficiada por la incorporación a la SUBE. 

Pero Gil no es el único jefe comunal que trabaja en esa dirección. Si bien solo ocho distritos firmaron la adhesión el lunes pasado a la SUBE, al encuentro asistieron 18 intendentes cordobeces con los que el armado de UP tiende articulaciones. El politólogo y coordinador de la consultora cordobesa Cronótopo, Nicolás Pérez, analizó ante Diagonales esta cuestión resaltando que “la estructura  política de Hacemos por Córdoba siempre fue muy cerrada y vertical, nunca hubo movimientos por fuera de la definición central. Observar definiciones y aproximaciones a Massa de dirigentes locales, a contramano de la línea de Schiaretti o Llaryora, es toda una novedad”.

Para el politólogo, este proceso de desprendimientos subterráneos comenzó antes de las PASO y tuvo distintos puntos de inflexión. El primero, fue la designación de la radical Myriam Prunotto como candidata a vicegobernadora de Llaryora, y la inclusión en las listas de Hacemos por Córdoba del presidente del PRO cordobés, Pedro Pretto. “Fue un gesto de Schiaretti hacia Juntos por el Cambio en su intención de ser el vice de Larreta” define Nicolás Pérez explicando el movimiento que, a su entender, “generó fricciones en el peronismo cordobés" porque los lugares que se entregaron a la UCR y el PRO eran esperados por dirigentes propios. 

Ese intento de conformar una alianza con JxC fue otra de las instancias que generó resistencias internas en el peronismo cordobés, a lo cual se sumó tras las generales la definición por la prescindencia de optar entre Massa y Milei que bajó desde la cúpula de Schiaretti y Llaryora. “Estos tres movimientos hacen ruido hacia abajo y hacen que los intendentes empiecen a moverse, porque saben que si les sacan la obra pública, educación y salud pública es como que les prendan fuego el municipio” sentencia Pérez, describiendo el pragmatismo de las estructuras locales que chocan con el oportunismo y los cálculos de la cúpula del cordobecismo.

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NÚMEROS 

Esta situación de movimientos subterráneos que podrían beneficiar en alguna medida a UP chocan contra fuertes antecedentes electorales. En disputa están, fundamentalmente, los 1.802.068 de votos que obtuvo Schiaretti en octubre, de los cuales 665.717 fueron de la provincia mediterránea. Allí, hay un dato que entusiasma al equipo de Massa: si bien todos los candidatos crecieron en cantidad de votos entre las PASO y las generales, el ministro fue el que más creció con un incremento de 130.488 sufragios más en octubre que en agosto. Schiaretti fue el segundo en cuanto al crecimiento en votos, con 101.535 sufragios más en las generales.

En total, en Córdoba un total de 1.254.385 votos quedaron huérfanos en Córdoba tras el 22-O y la salida de las opciones electorales de Schiaretti, Bullrich y Bregman, sumando los votos nulos y en blanco. Milei salió primero tanto en agosto como en octubre, con una cosecha de 769.847 en las generales, mientras que Bullrich llegó a los 519.252, alcanzando el tercer lugar debajo del libertario y Schiaretti.

La gran pregunta que surge es cómo se reacomodará el mapa electoral cordobés con sólo dos opciones, una de ellas asociada al peronismo nacional y el kirchnerismo. A ese cuco le apunta la estrategia Macri, que sueña con revalidar el 71,52% que sacó en la segunda vuelta del 2015 frente al 28,5% de Scioli y que lo depositó en la Rosada.

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Hilando un poco más fino, en las PASO del 2015 el triunfo fue para la fuerza que llevaba a Massa como uno de sus candidatos, Unidos por una Nueva Argentina (UNA), donde también estaba José Manuel de la Sota, que obtuvo el 38%. Pero de cara a las generales, Macri apareció como la opción más concreta para ganarle al kirchnerismo, creció del 34% de las PASO hasta un 53,2% y ganó la provincia metiéndose en el balotaje. Massa quedó en esas generales con apenas el 20,4%.

“El balotaje del 2015 fue el peor resultado para el peronismo en la provincia, pero hay muchas condiciones que difieren de aquel escenario” describe el politólogo Nicolás Pérez. Entre esas diferencias, destaca que en el 2015 toda la estructura del peronismo cordobés jugó directamente para la candidatura de Macri, algo muy distinto a la fragmentación que exhiben de cara al balotaje del 19-N. Por otro lado, el peronismo estaba dividido a nivel nacional. Si en 2015 UNA y el Frente para la Victoria hubieran estado unidos, la sumatoria de sus votos hubiera alcanzado el 60% contra el 34% de Cambiemos y la historia hubiera sido muy diferente. 

Por supuesto que no se pueden extrapolar los escenarios, fundamentalmente a partir de lo que significaba en 2015 la presencia de José Manuel de la Sota. Sin embargo, el análisis abstracto de una transferencia de ese 71% del balotaje de Macri hace ocho años a Milei hoy por hoy también parece una operación algo forzada. 

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“Hoy estamos ante un escenario semejante al 2015 en cuanto a la representación política, pero con una estructura política provincial que se declara prescindente y sufre un resquebrajamiento interno” señala Pérez. El coordinador de la consultora Cronótopo comenta a Diagonales que en un estudio reciente a nivel provincial, que aún está en procesamiento, los números indicarían un escenario más cercano al 65% a 35% a favor de Milei, algo que “para Córdoba puede significar un buen resultado para UP”. Sobre todo si se considera el objetivo principal de evitar un despegue de Milei que contrapese la diferencia que el peronismo pueda lograr en la PBA.

Un resultado como el que diagnostica Cronótopo sería una doble ganancia para UP. En principio, implicaría que Milei no alcance el techo de Macri en 2015. Y, como la otra cara de la moneda, que Massa sí supere el techo de Scioli de hace ocho años, e incluso el 30% cosechado por Alberto Fernández en 2019. 

Para que pueda darse ese escenario, el politólogo de Cronótopo suma el factor UCR. En JxC en la provincia, la UCR terminó imponiéndose al PRO, e incluso dentro del radicalismo la línea de Evolución, con Rodrigo de Loredo como estandarte, le ganó la disputa política al ala más conservadora de Mario Negri y Oscar Aguad. Referentes de Evolución como Martín Lousteau o Emiliano Yacobiti ya manifestaron que Milei es un límite y sugirieron un voto a Massa. 

A ello, a nivel municipal, Nicolás Pérez le agrega una mirada desde el pragmatismo: “en las intendencias saben que no se puedegobernar sin recursos, y Milei plantea cuestiones que son casi un suicidio de la gestión municipal, son un problema directo para los intendentes”. El coordinador de Cronótopo agrega, sin embargo, otra cuestión a tener en cuenta para el último tramo de campaña: “el electorado cordobés es muy sensible hacia las cuestiones negativas asociadas al kirchnerismo, por lo que un cisne negro de último momento puede significar un golpe de efecto determinante para el importante número de indecisos y votos blandos en la provincia”.