El Gobierno esperaba un golpe duro cuando se diera a conocer el índice de aumento de precios de marzo. El sector alineado con el Presidente y el Ministro Guzmán intentaron durante los últimos días anticipar la bomba para reducir su impacto, y reafirmar el rumbo económico a partir de otros indicadores más positivos como el nivel de empleo o el crecimiento, pidiendo además apoyo político a todo el oficialismo para continuar en esa senda. Del otro lado de la interna también se anticipó el golpazo, pero con otra finalidad. Desde Máximo Kirchner hasta Axel Kicillof, pasando por Roberto Feletti , referentes del kirchnerismo marcaron la cancha sobre cuán duro sería el impacto de este dato y la necesidad de encarar políticas más fuertes para revertir esta tendencia.

Lo concreto es que para encontrar un mes en el que la inflación haya sido más alta que el 6,7% informado esta tarde por el INDEC, es preciso remontarse hasta el 2002 y la salida de la convertibilidad. En abril de aquel año, dos décadas atrás, los precios crecieron un 10,4% empujando un alza que en diciembre marcaría un 41% anual. El Gobierno del Frente de Todos se desesperaría por firmar esa cifra para este 2022, que ya lleva un acumulado para este primer trimestre de 16,1% de inflación, valores que anualizados superan el 64%.

Es cierto que marzo es un mes que regularmente registra altos valores en la suba de precios, generalmente empujados por algunos servicios como la educación, que el mes pasado aumentó un 23,6%. En 2021 marzo fue el peor registro del año, tal como anticipara Martín Guzmán luego de conocerse el 4,8% de aquel mes. Este lunes, el Ministro de Economía volvió a repetir la fórmula en una entrevista televisiva, afirmando que la tendencia alcista de los precios comenzará a bajar en abril y no se registrarán valores como los de marzo. A esto hay que sumarle el componente de la descontrolada inflación mundial, que crece a ritmos que no se observaban desde la década del 70 como consecuencia de la guerra en Ucrania y resulta todo un interrogante en cuanto a cómo seguirá su evolución.

ALIMENTOS Y EL RÉCORD MACRISTA

La variación en los últimos doce meses alcanzó un 55,1%, y se ubicó por primera vez durante el Gobierno del Frente de Todos por encima del tristemente célebre récord macrista del 54% en 2019. Los peores registros del macrismo fueron en septiembre del 2018, cuando los precios subieron un 6,5%, el mismo mes de 2019 con un alza del 5,9%, y octubre de 2018 cuando la variación fue del 5,4%. El Frente de Todos, por su parte, había registrado 4,8% en marzo del 2021 y 4,7% el mes pasado como sus peores marcas.

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Tweet de INDEC Argentina

Los ítems que más empujaron la suba de marzo fueron educación, que marcó un 23,6%, prendas de vestir y calzado con un 10,9% y vivienda, agua, gas, electricidad y otros combustibles que subieron 7,2% en promedio. En esa misma línea del 7,2% de incremento se ubicaron los alimentos, marcando una leve disminución desde el 7,5% del mes pasado, pero con una tendencia al alza superior al nivel de precios general. El incremento de marzo, sumado al 4,9% que registró esa categoría en enero y el 7,5% de febrero, totalizan una suba de 19,6% en el primer trimestre del año. Esto es 3,5% por encima de la inflación general.

Una tendencia que sí se revirtió del mes pasado a este fue un alza superior en el Gran Buenos Aires en relación al resto del país. En febrero, la suba en alimentos había llegado al 9,1% en el GBA, corazón del electorado oficialista, registrando 1,6% más que el nivel promedio para esa categoría. En la nueva medición que informó hoy el INDEC, los alimentos crecieron 6,1% para esa región, marcando un alza inferior incluso al índice general del 6,7%. Quizás aquí pueda leerse la efectividad de alguna de las intervenciones sobre los precios del Gobierno.

En el resto del país la tendencia fue inversa. Los alimentos aumentaron más que el índice general en la tanto en la región Pampeana (7,9%), como en el Noreste (7,7%), el Noroeste (8,7%), Cuyo (9,1%) y la Patagonia, que mostró las mayores subas (9,2%).

PEOR DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO Y MÁS INFORMALIDAD EN EL TRABAJO

Al drama de la inflación y su impacto sobre el poder adquisitivo de los salarios, es decir, sobre la economía de la mayoría de la sociedad, hay que sumarle otro dato de los últimos días. Ayer el INDEC publicó otro informe, el de Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra para el cuatro trimestre de 2021, que refleja cómo se movió la actividad económica y el trabajo durante todo el año pasado.

La distribución del Valor Agregado Bruto (VAB), en otras palabras la riqueza generada por el país en un año, es lo que comúnmente se conoce como distribución del ingreso. Entre 2020 y 2021, la participación de los trabajadores en esa distribución cayó casi cinco puntos porcentuales, mientras que el “Excedente de explotación bruto”, o el saldo de las empresas, aumentó casi cuatro puntos.

La participación de los asalariados den el VAB tocó un pico en el segundo trimestre del 2020 registrando un 49,8%, impulsado por los ATP con los que el Gobierno nacional sostuvo los salarios y puestos de trabajo. Para fines del 2021 el porcentaje de participación en la torta del ingreso para los trabajadores cayó 4,86% para llegar hasta el 43,1%. Como contracara, la participación del capital en el ingreso aumentó 3,84% alcanzando un 47% del total.

Pero otro dato alarmante es el crecimiento de la informalidad laboral. El crecimiento económico del 10,3% en 2021 es levantado como el principal éxito de la política económica del Ejecutivo, y de ello se desprende la caída del desempleo al 7%, la tasa más baja registrada desde 2015 y el fin de la gestión de CFK. Efectivamente, en el último trimestre del 2021 el empleo aumentó un 4,4% interanual, y completó un crecimiento para todo el año del 6,2%, llegando a un total de 20,5 millones de puestos de trabajo a nivel país. Otro número que refleja el aumento de la actividad es el crecimiento de las horas trabajadas, que para el último tramo del 2021 crecieron un 9,5%.

Sin embargo, ese aumento en la actividad y en el trabajo no sólo se vio cristalizado en una mayor desigualdad en la distribución del ingreso, sino que el mayor crecimiento se dio en el trabajo precarizado. Solo el 1,3% de ese crecimiento en el empleo se dio en sectores de trabajo registrado. En paralelo, los segmentos no asalariados crecieron un 10,7% y los no registrados, es decir el trabajo en negro, marcó el mayor alza con 13,4% de incremento.

En estos datos pueden leerse las diferencias dentro del oficialismo sobre el rumbo económico y social. Mientras en el Ejecutivo nacional sostienen que el crecimiento es la llave para la salida de la crisis y que hay que crecer para redistribuir, desde el kirchnerismo se critica esta foto actual en la cual los trabajadores pierden cada vez más capacidad de consumo, incluso en momentos de crecimiento económico y del empleo. Sin dudas el registro inflacionario de marzo caerá como un bombazo al interior del FDT, que deberá rápidamente alinear sus acciones y discursos para encontrar una postura común frente a este difícil cuadro de situación si pretende llegar con alguna chance a las elecciones del año que viene. Por ahora se ven muy pocas señales en esa dirección.