Tras el papelón en Lomas de Zamora y aún en plena campaña, el presidente Javier Milei rompió el silencio sobre el escándalo de las coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad que implican directamente a su hermana Karina Milei. Después de una semana sin hablar del asunto, el mandatario aseguró que las acusaciones de corrupción contra su Gobierno son “barbaridades inventadas” por “la casta” para perjudicar su gestión a días de las elecciones.

Lo cierto es que los audios de Diego Spagnuolo sacudieron a la administración libertaria, que atraviesa tal vez su momento más vulnerable hasta ahora. Es que las denuncias del ex titular de ANDIS sostienen que la hermana del mismísimo Presidente, junto a Eduardo ‘Lule’ Menem, serían los principales protagonistas y beneficiarios de un entramado de corrupción para cobrar coimas a laboratorios a cambio de contratos con el Estado para la compra de medicamentos. 

A partir de la publicación de los audios, el Gobierno tardó varios días en ensayar una defensa. Primero, despidió a Sapagnuolo y optó por el silencio absoluto a la espera de que la tormenta pasara lo más rápido posible. Casa Rosada terminó por ver el error de esa estrategia e intentó ligar al ex funcionario de ANDIS a Victoria Villarruel, y a una operación política interna de la vicepresidenta. Segundo error. 

El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, había sido uno de los primeros en señalar a Villarruel y rápidamente tuvo que retractarse dado que el ex titular de ANDIS tenía más vínculos con el presidente Javier Milei y su candidato José Luis Espert, que con la vicepresidenta. 

En ese momento, Martín y ‘Lule’ Menem salieron e negar las acusaciones de corrupción y esbozaron lo quen sería finalmente la estrategia última del Gobierno: culpar al kichnerismo de una “opereta” de campaña. 

Este jueves, durante su presentación en el evento anual del Consejo Interamericano de Comercio y Producción, el propio Javier Milei retomó esa defensa. “En nuestra campaña inventaron salvajadas de venta de candidaturas, que íbamos a habilitar la venta de órganos, que permitiríamos que los niños compraran armas por internet. ¿Y cuántas aberraciones hicieron como el incesto o la zoofilia? Se cansaron de decir todo tipo de barbaridades”, exclamó. 

El mandatario insistió entonces con la idea de que “la opereta de esta semana no es más que otro ítem en la larga lista de artilugios de la casta”. Y agregó que será la Justicia la encargada de determinar responsabilidades. 

Más temprano, el vocero presidencial Manuel Adorni reapareció después de varios días sin conferencias de prensa y oficializó la respuesta libertaria de que el escándalo de las coimas no es más que una campaña de despestrigio. “No es casualidad que estos audios, presuntamente grabados el año pasado, salgan a la luz a dos semanas de las elecciones en la provincia de Buenos Aires”, lanzó el portavoz de Casa Rosada. 

Acto seguido, Adorni intentó blindar a Martín y Eduardo Menem al asegurar que “no tuvieron vínculo alguno con esas contrataciones”.

Lo mismo hizo Guillermo Francos, quien aseguró que no tiene “nada que reprocharle” a Lule Menem. "Esto de preguntar si uno pone las manos en el fuego no tiene sentido. Yo lo conozco del trabajo en la gestión y desde el tiempo que lo conozco me parece una persona irreprochable. Como funcionario me parece una persona de confianza”, afirmó. 

En cambio, Francos apuntó contra Spagnuolo y aseguró que en ese caso “claramente" no se trataba de alguien de confianza. “No sé si era cercano pero lo conoce al Presidente y ha ido varias veces a las reuniones de ópera que hace el Presidente con algunas personas en Olivos. Si el Presidente confiaba en él, bueno no debió haber confiado”, expresó.

De esta manera, el jefe de Gabinete cargó la responsabilidad del escándalo sobre el ex director de ANDIS y sumó mayor confusión al ensayo de defensa del oficialismo. Es que por un lado quieren sembrar dudas sobre la autenticidad de los audios, pero al mismo tiempo despiden al autor de los mismos. 

Ahora bien, ¿cuál sería el delito de Spagnuolo?: ¿formar parte de una opereta? o ¿denunciar la corrupción?. En esa estrategia del Gobierno queda poco claro entonces qué quieren decir. ¿Es todo mentira o hubo corrupción y el único responsable es el funcionario despedido? Evidentemente, una semana después, aún quedan detalles que afinar.