“Vamos a tener que trabajar sobre la hipótesis del no noviembre”, lanza el intendente de Vicente López, Jorge Macri, en un mitin con concejales y jefes comunales que tributan a Juntos Por el Cambio, y agrega: “la manera más clara de ponerle dramatismo a la PASO es decir que no hay noviembre porque, cuando vos decís que no hay noviembre, le pusiste un ritmo a la campaña que es completamente distinto”. Su alocución corresponde a un encuentro a puertas cerradas pero fue registrada por una fuente intrépida con su teléfono celular, y un fragmento de ese discurso fue emitido en el programa No Vuelven Más por FM La Patriada.

Diagonales accedió a ese material en el que el primo del presidente Mauricio Macri pone de manifiesto los temores y apuestas de los estrategas de la campaña oficial. La Casa Rosada especula con la posibilidad de que la diferencia a favor del Frente de Todos no sea mayor a 4 puntos en las primarias del 11 de agosto próximo y confía en que revertirá el resultado en las generales.

En ese contexto, el alcalde grabado, que en la pieza testigo pide por favor que no lo graben aunque admite que lo pueden filmar “todo lo que quieran”, aventura: “una de las dos fuerzas gana en octubre y tenemos que ser nosotros”. “Vamos a tener que traer votantes que hasta hoy no trajimos nunca y entender que la PASO no es la primera aproximación para después ‘acomodarla’ un poco en octubre para ver si en noviembre zafamos”, abunda, y concluye: “si salimos mal parados, con una diferencia muy grande, no la remontamos más”.

A primera vista, esa preocupación –o debilidad- redundaría en algarabía en las tribus contrarias pero desde las fauces del macrismo emanan voces que alegan que prefieren “ir de punto”. Al tender sobre los jergones el carácter agónico de la etapa, se insufla épica a un proceso que transcurre en la más pasmosa chatura. Sin ir más lejos, este sábado los dirigentes cambiemitas se distribuirán en más de 100 puntos del país para instruir en la participación del blog Defensores del Cambio, cuya plataforma servirá para la recopilación de testimonios de la ciudadanía que apoyan al Gobierno, a cualquiera que se acerque y se comprometa con la gesta amarilla. “Son charlas en las que se explica cómo hacer para dar una mano en la campaña compartiendo material por WhatsApp”, adelanta una fuente a este portal.

Entre la querella alrededor de La Pindonga y Cuchuflito, el Ejecutivo nacional no sólo tapa los temas económicos con globos de ensayo como el servicio cívico voluntario sino que también activa un diseño capilar de vocería multiplicadora que permea ciertas barreras de una territorialidad que, en ocasiones, le resulta esquiva. Al igual que al peronismo, al macrismo le cabe la misma incertidumbre sobre lo que pague cada movimiento a la hora del escrutinio.

Al respecto, el sociólogo Carlos De Ángelis señala que “el escenario sigue abierto”. Titular del Centro de Opinión Pública y Estudios Sociales de la UBA, el encuestador no descarta el ballotage a pesar del empuje que le está poniendo el Gobierno para que todo se liquide el 27 de octubre. “Dependen de la cantidad de gente que vaya a votar y, por eso, no es casual que estén trabajando tanto el voto de los jubilados, donde Cambiemos es más fuerte”, le explicó De Angelis a este portal.

Dígalo, Joaquín

El punto de oro de la semana se lo lleva el candidato a presidente por el Frente de Todos, Alberto Fernández, por la entrevista que le concedió a Joaquín Morales Solá en el canal de cable Todo Noticias, propiedad del Grupo Clarín. Celebrada como goleada en la tuitósfera emocional de la previa al turno electoral, la nota destierra el precepto erróneo del kirchnerismo sobre la supuesta estrategia de negarse a dar testimonio en los medios del holding liderado por Héctor Magnetto. Al parecer, se podía jugar de visitante y alzarse con una victoria discursiva. Dejar el arco libre para que el rival llene la canasta no es tan inteligente como supuso el cristinismo al palo desde 2012 en adelante.

De todas maneras, esa auspiciosa presentación del retador de mayores chances contra Macri no disipa la niebla: las pugnas intestinas estrujan, convulsionan y conmueven organizaciones. Si bien la carrera contrarreloj para ganarse la voluntad de los electores antes de que lleguen al cuarto oscuro recorta los ambages, no disuelve el malestar.

Según la consultora Circuitos, el 63 por ciento de los encuestados en un relevamiento realizado por metodología IVR esta semana califica la actual situación económica como “mala” o “muy mala” y un guarismo similar opina que va a “empeorar” en los próximos meses. Aunque el descontento social no se encauza esquemáticamente bajo la oferta electoral ni las listas opositoras ordenan esa pulsión sumando porciones de representación a nivel dirigencial, todos los contendientes guardan un pronóstico para el infarto de cara a los comicios.

Por momentos, toda tarea proselitista se asemeja a un esfuerzo vano. Casi el 80 por ciento de la población tendría definido su voto, concentrándose en alguno de los dos polos que cinchan del antagonismo principal, y ninguno de los presuntos indecisos trocaría su opinión por algo que diga o haga alguno de los que integran las listas inscriptas en esa pelea.

Un militante progresista que integra ahora las filas del PJ porteño y batalló en decenas de trifulcas electorales reconoció que esta es “la peor campaña” que recuerde. En la ronda de consultas que hizo este medio sobre ese distrito, tan vanidoso y cuidadoso sobre el diseño de sí que cualquier detalle se convierte en disquisiciones plenarias en restaurantes de estética peronista en calles palermitanas, la oscilación va del desahucio ante la falta de volantes o el manoseo entre agrupaciones al entusiasmo por algún meme gracioso. Contra la iniciativa de que los candidatos se encuentren en livings o terrazas para conversar mano a mano con vecinos, y de manera distendida, no son pocos los que chucean aduciendo que esa clase de mecanismo no trasciende la tranquera del campo propio ni seduce a los que ululan fuera del estanque.  

Entre las pocas certezas que quedan, podrían mentarse al menos dos: cada cual está haciendo todo lo que tiene que –o puede- hacer y, al mismo tiempo, casi nadie se detiene a pensar. Después, claro, ya lo dice el tango: qué importa del después.