A lo Truman Show, los canales de noticias transmitían en vivo el viernes cerca del horario de inicio de las restricciones en el AMBA, en busca de las imágenes de la “desobediencia civil” que venían agitando desde los primeros anuncios de Alberto Fernández el pasado 7 de abril. Las “moto cam” circulaban por la Panamericana y la General Paz mostrando un tránsito que podía durar horas, y los móviles recorrían Palermo y Recoleta en busca de bares rebeldes que siguieran abiertos después de las 20 y ciudadanos dispuestos a ejercer su libertad individual de circular más allá del límite establecido por el DNU presidencial. Seguramente, además,  medios y oposición se relamían esperando imágenes dantescas de las fuerzas federales teniendo que cerrar comercios y obligando a “la gente” a irse a su casa. Nada de eso pasó esa primera noche.

Poco más de media hora después del límite establecido, las calles se fueron vaciando y empezó a resultar inocultable el rotundo éxito político del Gobierno Nacional y, por añadidura, de Axel Kicillof y su equipo de gobierno. Y es que lo que no había conseguido la Provincia hace diez días con los primeros anuncios de esta nueva etapa de restricciones, producto del fuerte rechazo de la CABA y la mediación de Alberto Fernández entre ambas posturas, terminó siendo ratificado en la práctica por el alto acatamiento de la sociedad a las medidas adoptadas. Lo flaco de la protesta de ayer por la tarde en el obelisco y las nocturnas en Casa Rosada y Olivos, contrastadas con dos noches de calles vacías en los municipios del conurbano y la CABA en general, no hicieron más que fortalecer la decisión por las restricciones. Después de una virulenta semana política, el gobierno bonaerense terminó llevándose los porotos.

Primer episodio de la segunda temporada de una serie que marcó la pandemia en 2020: Provincia vs Capital. O, por qué no, el tráiler de la película “presidenciales 2023: Kicillof-Larreta”. Porque más allá de que Alberto Fernández haya enfatizado en que las medidas fueron una decisión suya en soledad, lo cierto es que tanto en la discusión por lo que había que hacer, como en la comunicación posterior en conferencias de prensa cruzadas, los que marcaron la cancha fueron Axel y Horacio.

FALACIAS CABA Y CONSOLIDACIÓN DE LOS HALCONES

En el Gobierno de la CABA vienen intentando desde inicios del 2021 nacionalizar su alcance y liderar la oposición política a la gestión de Alberto Fernández, basándose fundamentalmente en tres banderas: la presencialidad de las clases, la apertura de comercios y la economía, y su permanente apelación al diálogo y el consenso como modus operandi de su quehacer político. Dos falacias y una derrota para Larreta en estos puntos. Primero, la posición extrema de judicializar el DNU presidencial para garantizar la presencialidad, y lo rimbombante de su forma de anunciarlo, pusieron más fuerte en agenda la relación del PRO con la educación, haciéndole un flaco favor al macrismo. Y es que en sus experiencias de gestión no tienen un solo número que avale o siquiera permita “caretear” una preocupación real por la educación: el porcentaje del presupuesto educativo de la CABA es el más bajo de su historia, y viene cayendo consecutivamente hace diez años; Macri asumió la CABA con alrededor del 30% de sus recursos destinados a la educación, y la dejó con cerca del 20%; cuando fue Presidente, en cuatro años recortó en términos reales el presupuesto educativo nacional en un 35%; Vidal hizo lo suyo en PBA, con recortes casi del 28% que llevaron los recursos educativos a los peores índices desde el retorno de la democracia, terminando su gestión con menos escuelas de las que recibió y el triste signo de la explosión de la Nº 49 de Moreno en la que murieron dos personas. No hay elementos objetivos que indiquen que al PRO le convenga hablar de educación y plantarse como la representación de quienes quieren un mejor sistema educativo. Si les funciona, solo se explica a partir del blindaje mediático con el que cuentan, en este y otros aspectos.

Algo similar ocurre con su discurso en relación a la economía y los comercios, la “industria” de la CABA. El paquete fiscal desplegado en 2020 por el Gobierno Nacional, del que sobresalieron el IFE y el ATP, permitió a miles de trabajadores, desempleados y empresas campear el temporal y resistir los cierres de la actividad económica. La Ciudad, distrito más rico del país con un PBI per cápita cercano al de países centrales europeos, apenas si aportó una exención del pago de Ingresos Brutos, medida que se revirtió a principios de este año con la reactivación económica en marcha. Con las nuevas restricciones adoptadas, el Gobierno Nacional volvió a anunciar una ayuda económica para los sectores que se vean afectados por las mismas. La Ciudad, por su parte, silencio estampa en relación a la posibilidad de asistir a sus contribuyentes con ayudas económicas. Segunda falacia.

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La derrota de Larreta en estas semanas tiene que ver con haberse visto empujado a abandonar la postura centrista y medida, que le permitió acceder a los mejores indicadores de imagen positiva entre políticos de la primera línea, y a conservarlos durante un buen tiempo. Su problema es que el lugar político de la confrontación ya está ocupado dentro de su partido y de la oposición en general por quienes hoy aparecen como sus principales adversarios internos: Pato Bullrich, que dio una lección de democracia en las protestas del otro día fuera de la quinta de Olivos, y Mauricio Macri, que desde su reaparición intenta conducir a JxC a posiciones más duras, y ocho minutos antes del horario pautado para la conferencia en la que Larreta anunciaría su postura frente a las medidas, publicó un tweet anunciando acciones de la Ciudad antes que el propio Jefe de Gobierno.

Esta “Bullrichización” no es el escenario más cómo para Larreta, la confrontación no es el registro que mejor maneja ni el que lo llevó a donde está. Puede, en el corto plazo, pagarle reforzando su núcleo duro y permitiéndole mostrarse como la representación de cierto descontento general para con la situación del AMBA. Pero con los números de contagios en franco ascenso, será cada vez más difícil sostener políticamente esas posturas. Por otro lado, las calles vacías y la poca resistencia a las medidas apenas permiten construir una sobre representación mediática de esos sectores, con cuyos votos JxC ya cuenta. Si encima la Corte Suprema termina dándole la razón a Nación o, lo que es más probable, se lave las manos en un conflicto eminentemente político, el fracaso será mayor.

Si fuera por Larreta y por Vidal, quizás hubieran preferido esperar  un poco más para radicalizarse, porque para las elecciones aún falta mucho y este nuevo escenario es una bocanada de aire fresco para el sector de Bullrich y Macri a la hora de discutir candidaturas.

TRIUNFO POLÍTICO DEL GOBIERNO BONAERENSE Y LOS INTENDENTES

Estaba claro que la Provincia insistía, puertas adentro del FDT, en la necesidad de adoptar medidas  más fuertes de restricción a partir de la disparada de casos en las últimas semanas. “En cualquier momento se pueden definir más medidas restrictivas. Si no es en coordinación con el Gobierno Nacional y la CABA el impacto se limita, por lo tanto la primer ocupación es siempre consensuar medidas” expresó el martes pasado, un día antes de los anuncios, el Jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco, haciendo pública la presión sobre Gobierno Nacional por mayores restricciones. Para el oficialismo bonaerense habría que haberlas anunciado ya el 7 de abril, pero Alberto Fernández balanceó para mantener el equilibrio con la CABA. Una semana después, no le quedó más opción que seguir la línea que proponía La Plata, incluso pagando el costo de desdecirse de lo que se plantó en los primeros anuncios, y tener que pasar por arriba de las declaraciones públicas del Ministro de Educación Nacional, Nicolás Trotta, horas después que manifestara que las clases debían continuar siendo presenciales.

El triunfo político de Kicillof y su equipo no solo se evidenció en las calles vacías, que le dieron la razón sobre el timming para iniciar esta nueva etapa de restricciones. También volvió plantarse en el centro de la escena política en clave nacional, a partir de la conferencia de prensa del jueves en la cual salió, por un lado a contestarle a Larreta y al PRO, y por otro a explicar las medidas y sus fundamentos como no lo había hecho el propio Alberto Fernández. Habló como responsable de las decisiones, como si fuera presidente, y reforzó que es con él con quien polariza la oposición, más que con AF.

La catarata de posteos en las redes de Intendentes e Intendentas mostrando las calles vacías del conurbano en las noches del viernes y sábado fueron otro gran espaldarazo. Juanchi Zabaleta, Mayra Mendoza, Fernando Moreira, Mariel Fernández, Julio Zamora, Leo Nardini, Ariel Sujarchuk, Alberto Descalzo, Gustavo Menéndez, Mariano Cascallares, entre otros, mostraron el apoyo de los y las bonaerenses a las medidas, y agradecieron la decisión política a Fernández y a Kicillof.  Opacaron con la contundencia de las imágenes publicadas la postura adoptada por otros jefes comunales, que se subieron a la ola de la posible presentación de amparos judiciales y declararon la educación como servicio esencial en sus distritos, medida que a los efectos prácticos no significa nada pero les permitió figurar en la agenda y diferenciarse de la postura del gobierno provincial. Los casos más resonantes fueron los de Jorge Macri, que paseó por canales de tv en los últimos días, y Gustavo Posse, a quien la Ministra de Gobierno Teresa García salió a cruzar en Twitter exponiendo que el Municipio que gobierna, San Isidro, tiene ocupado el 100% de su sistema de salud privado.

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¿LA REEDICIÓN DEL CASO SPUTNIK V?

A inicios de febrero, el Ministerio de Salud bonaerense informó que la inscripción al plan de vacunación se duplicó en su promedio diario, inmediatamente después de la publicación de los resultados de los ensayos clínicos de fase III que hiciera la revista científica The Lancet en relación a la vacuna Sputnik V. Víctima de una feroz campaña de desinformación, orquestada por los grandes medios y respaldada por sectores preponderantes de la oposición política, la vacuna que hoy cuenta con la mayor aprobación según todas las encuestas entre las que hay en el país, había llegado a ser calificada como un potencial veneno por decenas de irresponsables. La revista The Lancet terminó oficiando de árbitro en una sociedad hiper polarizada, donde la disonancia cognitiva se impone cada vez más como la norma y hay discursos para el gusto de cada consumidor.

Si primara la lógica y la racionalidad, algo similar podría ocurrir con la polémica sobre si una suspensión temporal de las clases presenciales puede ayudar a mitigar el impacto de esta segunda ola de la pandemia o no. Porque a principios de marzo, la misma revista publicó un artículo encabezado por la epidemióloga Deepti Gurdasani, de la Queen Mary University of London, en el que se analiza el resultado del cierre de aulas decidido el 22 de febrero y hasta el 8 de marzo por el Reino Unido. El estudio probó, entre otros aspectos, que el cierre contribuyó a un descenso en los casos que pudo ser sostenido en el tiempo, además de explicar que incluso con las aulas abiertas, en un contexto de alta transmisibilidad, el índice de ausentismos por autoaislamiento oscilaba en un 22%, llegando en áreas específicas hasta un 61%. Así, además del criterio epidemiológico, con una mirada educativa el estudio señaló que “Reabrir plenamente en un entorno de alta transmisión comunitaria sin las salvaguardas adecuadas corre el riesgo de privar a muchos niños de la educación y la interacción social nuevamente, agravando las desigualdades existentes. Al contribuir a una alta transmisión comunitaria, también proporciona un terreno fértil para la evolución del virus y nuevas variantes”. Restará por ver si la misma sociedad que desconfió de la Sputnik V y ahora la elige producto del aval científico, incorpora de la misma manera las recomendaciones en relación a los cierres temporarios de las aulas como una herramienta efectiva del combate a la pandemia. Siempre y cuando, claro está, los grandes medios le hagan llegar esa información y no la oculten por intencionalidad política.

Mañana lunes será la prueba de fuego. Instituciones educativas privadas llaman a la rebeldía a sus clientes/padres, y el Gobierno ya anunció que impondrá sanciones a quienes no cumplan las medidas. Es probable que existan algunos pequeños focos de conflicto, como los hubo anoche, a partir de minorías intensas. Lo cierto es que, más o menos de acuerdo, la enorme mayoría de la sociedad acató las restricciones, y desde allí puede surgir la esperanza de que se vuelva a momentos de conciencia social como los de los primeros meses de la cuarentena 2020, donde cuidarse y cuidar a los demás era una prioridad que no caía en la grieta. Habrá que ver cuán lejos estén dispuestos a ir los dirigentes opositores, en el único objetivo claro que evidencian tener hoy por hoy: desgastar al oficialismo de cara a las elecciones. Por ahora, triunfo político del Gobierno. Y en especial de Kicillof.