Faltan 3 semanas, o menos, para las PASO presidenciales y el escenario político empieza a tomar la tensión de los últimos minutos de una final deportiva. Al igual que en las finales deportivas es importante diferenciar cuando la competencia es predecible, o cerrada en palabras de Peter Mair, o impredecible y abierta. Cuando la competencia es abierta y los resultados no están a priori definidos, surgen múltiples escenarios de conflicto y disputas de sentido y, entre ellos, el de las encuestas. En particular, en las últimas semanas aparecieron números de diverso tipo y metodología con resultados que varían desde los 15 puntos de diferencias en favor de la fórmula Fernández-Fernández, hasta los de empate técnico.

Antes que nada, es bueno aclarar algunas cosas sobre la diversidad de datos que puede ayudar a despejar el panorama. En primer lugar, la mayoría de ellos afirman una recuperación de votos de parte de Mauricio Macri. Esto es así, pero muchas veces se exagera este fenómeno. Luego del triunfo de Cambiemos en 2017 cuando obtuvo 41% de los votos a nivel nacional, el gobierno nacional perdió aproximadamente 15% de esos votos en sucesivos momentos de desencuentro con las demandas populares: la reforma jubilatoria de diciembre de 2017, la crisis de las LEBACs y posterior entrada en juego del FMI y la trepada del dólar hasta pasar los $40 para nombrar los momentos más relevantes. Así, Macri arrancó desde muy atrás con menos de 30% de intención de voto; siempre fue esperable que llegado el momento de decisión del voto, una buena parte de quienes lo abandonaron terminen volviendo a su opción original, especialmente quienes no encontraron una opción más afín a sus creencias por fuera del macrismo. La pregunta correcta ahí no es entonces si Macri está o no creciendo, sino hasta donde puede recuperar. Llegar a un 35% no implicaría mucha novedad, dado que una menor parte de esos arrepentidos encontró refugio estable en otras opciones políticas (incluso alrededor de un 3 a 5% comenzó a manifestar en encuestas que votaría a Cristina Kirchner). Ahora bien, si el presidente logra superar ese valor y acercarse a los 40, ahí se estaríamos en presencia de una verdadera recuperación. Lo otro es más bien un fenómeno de flujo y reflujo electoral.

En segundo lugar, es importante prestarle alguna atención a las distintas metodologías con que se hacen las encuestas. A grandes rasgos existen encuestas con métodos de recolección que incluyen a casi todos los electores, y suelen ser de mejor calidad, y otras que no incluyen a todos y, por tanto, suelen ser más baratas y disponibles. Entre las primeras, están las encuestas domiciliarias cara a cara, que suelen ser las más caras y de mejor calidad; y recientemente se comenzaron a utilizar técnicas telefónicas que incluyen a la población con teléfono celular, lo que expande el universo efectivamente muestreado a casi la totalidad. En este tipo de encuestas, que tienen la ventaja de incorporar especialmente a los sectores más jóvenes y pobres, el Frente de Todos suele obtener mayores diferencias a su favor (entre 8 y 10%). En cambio, las que relevan datos con IVR (la maquinita con preguntas grabadas) a teléfonos fijos y las encuestas web u on-line, suelen ser más baratas de realizar pero no incluyen a toda la población, especialmente dejan afuera a los sectores más pobres que suelen votar más al peronismo. En este tipo de encuestas, el macrismo suele estar entre 4-6 puntos debajo de la fórmula del Frente de Todos.

Por último, así como los fantasmas no existen pero que los hay los hay, las operaciones políticas con encuestas suceden. Estas suelen tener como requisito poseer algún grado de verdad, justamente para ser verosímiles (cada tanto algún error grosero las desnuda y pone en riesgo justamente su verosimilitud). Pero es cierto que muchas veces las encuestas electorales suelen utilizarse para intentar instalar climas respecto a quienes estarían perdiendo y ganando las elecciones. El supuesto de que esto tiene impacto en la opinión pública es más que discutible, y más aún el que afirma que ese impacto sería siempre pro-cíclico, es decir, en beneficio de quien marcha primero en la encuesta. Pero como las cábalas, muchos dirigentes creen que si se está diciendo en los medios que le va a ir bien en las elecciones, efectivamente así va a ser. Cada cual tiene sus ritos y creencias.

Entre todo esta marea de datos, creo que es importante prestarle atención sólo a dos. El primero de ellos, es cuánto es verdaderamente la recuperación electoral de Mauricio Macri y, en ese sentido, diría que hasta 35% en encuestas presenciales o que incluyan celulares o 39% en encuestas web o IVR a teléfonos fijos; no sería una recuperación que altere el resultado final. En cambio, si Macri supera la barrera del 35% en encuestas presenciales o llega al 40% en teléfonos fijos o web, ahí estaríamos en un cambio de tendencia con final incierto. Y además, hay que tener en cuenta que tanto en las elecciones generales de octubre de 2015 como en las PASO y generales de 2017 en provincia de Buenos Aires, Cambiemos logró unos 4-5 puntos de crecimiento en las vedas electorales, seguramente de parte de los votantes más fluctuantes e indecisos.

El segundo, es si la fórmula Fernández-Fernández llega efectivamente al 45%. Las encuestas más confiables le están otorgando entre 42 y 44%, muy cerca del número definitivo. Pero aún no está garantizado ese valor. Esto último es el dato más importante porque el Frente de Todos estaría en condiciones de ganar la presidencia tan sólo con conservar sus votos entre agosto y octubre. Veremos qué depara el destino.

*Politólogo y analista de opinión pública.