Los resultados de las elecciones del domingo quebraron definitivamente el sistema político argentino. La definición de este mediodía de Patricia Bullrich de apoyar a Javier Milei puso punto final a la oposición anti peronista tal como se la conocía y abrió una reconfiguración de las alianzas posibles que excede por lejos el balotaje del 19 de noviembre. Detrás de todo, digitando los misiles para que todo explote a su conveniencia, Mauricio Macri festeja un escenario del que no podrá salir perdedor.

Poco parecen haberle importado a Bullrich las difamaciones en su contra por parte de Javier Milei, que la acusó de poner bombas en jardines de infantes y que se ganó una denuncia por eso de la ex ministra de Seguridad de Cambiemos. “Tuvimos una charla con Milei y nos perdonamos mutuamente” afirmó la ex candidata que se quedó afuera del balotaje el domingo y que hoy citó a San Martín como defensora de la patria para justificar su nueva alianza con quien la agraviara a más no poder hasta este fin de semana.

En la misma línea, poco parece haberle importado a Milei la condición de casta de Mauricio Macri, hijo del poder, empresario prebendario cuya familia hizo su fortuna a costas del Estado y que lleva casi dos décadas en el sistema político. A sus pies se rindió el león, desesperado en un pedido de auxilio tras el massazo del domingo e hipotecando su condición de novedad en el sistema político que le permitió llegar a donde llegó.

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X de Javier Milei

Cuánto le suma a Bullrich este nuevo movimiento es irrelevante. La ex ministra de Seguridad es la cara de la derrota más imposible y sólo tendrá algún futuro en la política bajo el padrinazgo de Macri o Milei. Quizás por eso eligió refugiarse en el apoyo a quien jugó sin límites de ningún tipo a la hora de desgastar su figura.

Cuánto le suma a Milei sí es el gran interrogante. Sin dudas el candidato libertario recibirá un caudal de votos proveniente de la ex candidata macrista, pero también corre el riesgo de debilitarse en su propio núcleo a partir de la alianza con Macri. De hecho, muchos de sus votos fueron parte de los que en 2019 se inclinaron por el Frente de Todos para sacar a Macri del poder. ¿Seguirá funcionando la retórica de la violencia anti k, única propuesta real de este nuevo espacio, para seducir a un electorado en hace cuatro años vapuleó al ex presidente y hace tres días dejó tercera cómoda a Bullrich?

El gran ganador de todo este reacomodo es justamente el líder del PRO. Luego de la paliza electoral que se comió en 2019 y que lo convirtió en el único presidente que fue por su reelección y perdió, Macri se recluyó y desde las sombras siguió digitando la jefatura de la oposición. Primero dejó crecer a figuras como Larreta y la propia Bullrich para que absorbieran el enfrentamiento con el Gobierno. Luego, entró en su modo destructor, el que mejor le sienta y más parece gustarle, para pisarle la cabeza a ambos y sepultar sus posibilidades de llegar a la Rosada.

Primero lo hizo con Larreta, que hace unos meses era el presidente puesto, abriéndole una interna y desgastándolo para que la pierda. Luego con Bullrich, una vez que se erigió en su candidata, jugando abiertamente a dos puntas con Milei antes de las generales y luego de que el libertario apareciera como la opción más concreta para ganarle a Unión por la Patria.

Descabezados ambos, ahora Macri va por el léon y su apuesta no tiene derrota posible. Pegándose a Milei, mostrando que de su apoyo dependen las chances del libertario, Macri ata la suerte del líder de La Libertad Avanza a la suya. Si Milei gana, habrá sido en gran medida por su patrocinio y además le copará buena parte del gobierno. Aquí habrá que prestar atención a la puja que pueda generarse entre Bullrich y Victoria Villarruel, a quien Milei prometió las áreas de Seguridad y Defensa para rifarlas en dos minutos en favor de la ex ministra para ganarse la bendición de Macri.

Pero si Milei pierde, Macri podrá colgar otra cabeza en su sala de trofeos y mantenerse no solo como el único que alguna vez le ganó al peronismo sino, y fundamentalmente, como el único con el poder de daño suficiente como para destruir a cualquiera que pretenda superarlo en esa materia.

Por supuesto y como está acostumbrado a hacer, Macri no escatimó en los daños que su ambición ya provocaron y provocarán a la oposición. Juntos por el cambio como tal dejará de existir, tras múltiples advertencias previas de parte del radicalismo y la Coalición Cívica para que el PRO no aceptara ese camino marcado por el ex presidente. Pero ya no sólo la coalición es la que quedó bajo el fuego del destructor, sino incluso su propio partido.

El PRO no pudo consensuar una posición común y Bullrich tuvo que salir a posicionarse en calidad de “candidata”. Las definiciones a título personal denotan que no hay acuerdo en el PRO sobre apoyar a Milei o, más bien, en seguir a Macri. Sin ir más lejos, Rodríguez Larreta dejó en claro recientemente que para él sería imposible apoyar al libertario y que no cree en nada de lo que propone. ¿Qué harán otras figuras cercanas al Jefe de Gobierno, como María Eugenia Vidal, o ex peronistas como Santilli y Ritondo? Es más que probable que referencias de la primera línea del PRO salgan a diferenciarse de esta decisión y, tal vez, se alejen del partido.

La reconfiguración apenas comienza pero hay un saldo innegable. Macri cumplió su deseo más profundo de conformar un polo de ultraderecha, sacándose de encima al radicalismo, a Carrió y a los moderados del PRO. Cómo jugarán esos actores de cara al balotaje es aún incierto, pero buena parte del futuro del país se definirá en esas decisiones. Del otro lado de la nueva grieta, Sergio Massa espera de brazos abiertos y seguirá convocando a la unidad nacional. Si ese mensaje de sensatez, moderación y unidad será lo que se imponga, o si lo hará un eje solamente cimentado en la violencia anti kirchnerista, eso lo decidirán las urnas el 19 de noviembre.