Hoy se cumplen 36 años de la guerra de Malvinas. Quiso la historia que, también por estos días, estemos cerrando una de las heridas que ese conflicto bélico dejó en nuestra sociedad: la recuperación de la identidad de los soldados caídos que estaban enterrados bajo la inscripción “soldado argentino sólo conocido por Dios”.

Tardamos 36 años en saldar esa deuda que todos los argentinos teníamos para con nuestros héroes, esos soldados que fueron llevados a una guerra injusta con la excusa de una causa sentida por todos, y que dieron lo más sagrado que puede dar una persona: su vida. La identificación de los caídos fue una política de Estado –como debe ser todo lo que a las Islas Malvinas, Georgias del sur, Sándwich del sur y los espacios marítimos circundantes refiere –comenzada por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y desarrollada por Mauricio Macri. Pero los verdaderos autores de esta hazaña son dos héroes de Malvinas: Julio Aro y Geoffrey Cardozo.

El gran paso humanitario que significó la identificación de 90 soldados caídos en Malvinas (121 yacían sin su nombre, y se va a continuar con la búsqueda de familiares que den su ADN para lograr que la gran mayoría esté identificado) comenzó cuando Aro, ex combatiente de Malvinas, recibe de manos de Geoffrey Cardozo, coronel británico que tuvo a su mando la inhumación de los soldados argentinos caídos, un informe sobre la conformación del Cementerio.

Islas Malvinas: un logro humanitario y el deber de fortalecer la vía diplomática

La iniciativa de Julio Aro tuvo eco en una periodista, Gabriela Cociffi, quien ayudó a que esta causa se propagara y llegara a los oídos del gobierno. Hasta Roger Waters, músico inglés cuyo padre murió en la Segunda Guerra Mundial, se comprometió para que esto se lograra. Y se logró, se está logrando. Hace pocos días las familias de esos soldados identificados pudieron viajar al Cementerio de Darwin para llorar un ser querido caído en la guerra con su nombre y apellido. Con su identidad recuperada.

Sin renunciar ni un ápice a nuestro histórico reclamo de soberanía, que no sólo lo tenemos como mandato constitucional sino como mandato de toda la sociedad, alcanzamos un logro humanitario que llegó a los diarios del mundo, y sin lugar a dudas, a los corazones de todos los argentinos que otra vez lloramos a nuestros héroes y les rendimos los homenajes que se merecen.

Este es un logro de Julio Aro y de los ex combatientes, de los familiares de los caídos en Malvinas, actores fundamentales de la causa Malvinas, del periodismo y de la academia, sin cuyos avances sería imposible una diplomacia seria y justa. Es un logro que le debemos también al Comité Internacional de la Cruz Roja, que llevó adelante las tareas de campo, junto con nuestro prestigiosísimo Equipo Argentino de Antropología Forense.

La historia del reclamo de soberanía tiene varios hitos. La resolución 2065, lograda durante el gobierno del Dr. Arturo Illia, que implicó el reconocimiento de la comunidad internacional de una disputa de soberanía entre la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que se enmarcó en el reconocimiento de un caso de colonialismo con eje en la integridad territorial de nuestro país,  es uno de ellos. La guerra, que supuso un retroceso en la disputa de soberanía y una herida enorme en nuestra sociedad, es otro. Nuestro servicio público como legisladores es continuar con la vía de la diplomacia para volver a tener la soberanía plena sobre nuestro territorio insular. En unidad, porque la Causa Malvinas nos une a todos los argentinos.