De todas las discusiones que se vienen planteando de cara al país que viene hay una que resalta por la particularidad de ir en contra de uno de los posicionamientos más aceptados por la sociedad argentina. “Las Malvinas son argentinas” es una de las consignas más universales y menos discutidas de estas tierras. Los pibes de Malvinas que jamás olvidaremos nos llevaron desde el cielo junto a Maradona a uno de los mayores momentos de unidad nacional y sin dudas el más feliz en términos colectivos en muchísimo tiempo luego de la obtención de la Copa del Mundo. No era el primer mundial que jugaban esos pibes de Malvinas. Los honró Maradona en 1986 humillando a Inglaterra y resuenan en los cantos argentinos en cada instancia en que el deporte más popular del mundo nos convoca como país. Ese rasgo cultural tan profundo, esa marca identitaria tan nuestra, está siendo abiertamente puesta en cuestión por el terremoto libertario que parece decidido y envalentonado en derrumbarlo todo.

“Asistimos en la Argentina a una situación muy extraña en la que hay espacios y sectores políticos, hoy se pone el foco en La Libertad Avanza pero no hay que soslayar que Bullrich también lo hizo hace poco tiempo, que buscan atentar contra la única política que goza no sólo de altos grados de consenso nacional sino también de estabilidad en el tiempo, como es la reivindicación argentina sobre la soberanía en Malvinas” le dice a Diagonales Jerónimo Guerrero Iraola, abogado del Centro de ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata. La referencia tiene que ver con los dichos recientes tanto de Javier Milei como de quien sería su ministra de Relaciones Exteriores en caso de convertirse en presidente, Diana Mondino.

Los candidato libertarios (Mondino va por una banca en Diputados) hicieron menciones a los supuestos derechos de los habitantes de las islas como un elemento de lo que sería la política exterior y para la Cuestión Malvinas de su eventual gobierno. “Los derechos de los isleños serán respetados” declaró Mondino ante el periódico británico The Telegraph, y agregó que “si la gente finalmente quiere hacer ciertas cosas, se harán. Ahora mismo estamos en el peor de los mundos, porque ni Gran Bretaña ni Argentina pueden hacer un uso razonable de los recursos que hay allí abajo”. Preocupada por la situación de los ocupantes de las islas, Mondino exclamó “¿Cómo entendería la inflación alguien que no haya nacido ni crecido en Argentina? ¿Por qué alguien querría ser parte de una sociedad? Necesitamos convertirnos en un país normal y somos un país vacío” poniendo el deseo de los isleños como un elemento relevante en la discusión.

La candidata a diputada generó múltiples críticas por grandes sectores de la sociedad y tuvo que recalcular en su posición. Este viernes intentó dejar en claro que para el espacio libertario las Malvinas sí son argentinas, y que ella se había referido a los derechos de los isleños en tanto nacidos en el suelo argentino. Sin embargo, más allá de las piruetas para disimular sus declaraciones ante los británicos, Mondino pareciera desconocer la implicancia que tienen este tipo de idas y vueltas en términos de la política exterior de un país, fundamentalmente en una situación de disputa de soberanía.

“La teoría de los actos propios implica que cuando un Estado adquiere o adopta posiciones que van en un sentido que puede beneficiar a otro Estado, luego no puede echarse para atrás, y configura lo que se conoce como aceptación de la costumbre internacional o la generación de un estado de situación a partir de sus propios actos” explicó Guerrero Iraola a Diagonales. El abogado del CECIM La Plata agregó “a nosotros nos preocupa porque tanto el gobierno de cambiemos como estas posiciones, en caso que lleguen al poder, pueden representar graves riesgos en cuanto a la política argentina de reclamo de soberanía y recuperación de las Malvinas como política de Estado”.

De alguna manera, el asumir una posición ventajosa para una contraparte en una discusión internacional implica consolidarle esa posición en el concierto del derecho internacional. Algo así como contraer una deuda, que por más que la tome un gobierno recae sobre el Estado, y no puede desconocerse aunque cambie el signo político en el poder en el país. En ese sentido, reconocer la voluntad de los isleños como un factor determinante de la política argentina en la Cuestión Malvinas, implica darles una soberanía de ese territorio que no les corresponde y que sí es potestad de la nación Argentina.

“Es una aberración jurídica lo que dice Mondino. El principio de autodeterminación de los pueblos, que es el que quieren introducir por la ventana, es un principio que se construyó en la comunidad internacional para hacer frente al proceso de descolonización de los países que fueron sometidos al coloniaje. Sostener que ese principio debe ser aplicado a los Kelper denota una importante inconsistencia técnica, porque no son habitantes autóctonos de ese territorio, es una población implantada y que además obedece a una estrategia de sostenimiento poblacional de la metrópolis que ejerce el colonialismo” explica Guerrero Iraola.

LA REACCIÓN DEL CONSEJO DE MALVINAS

Este jueves, el Consejo Nacional de Asuntos relativos a las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes emitió un comunicado en respuesta a los dichos de Mondino. “La posición histórica de la República Argentina en 190 años nunca consintió la ocupación ilegítima de parte de su territorio considerando como única contraparte en la controversia de soberanía relativa a la cuestión de las Islas Malvinas al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte” plantea el texto del órgano dependiente de la Cancillería.

El Consejo recordó que “las Naciones Unidas han caracterizado a la cuestión de las Islas Malvinas como un caso especial y particular de descolonización” y que la negociación por la disputa de soberanía de esos territorios debe llevarse a cabo entre la Argentina y Gran Bretaña teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las Islas, no ´sus deseos´”.

“La pretendida referencia de los isleños como tercera parte de la disputa es un componente central de la estrategia diplomática británica” continúa el comunicado, recordando que la población ocupante de las islas “es el resultado de 190 años de ocupación colonial ya que a partir de 1833 el Reino Unido expulsó a las autoridades y población argentina allí residentes, impidió la radicación de argentinos y argentinas provenientes del territorio continental argentino e implementó una política migratoria orientada a preservar el régimen colonial en las Islas”.

Los integrantes del Consejo afirmaron la necesidad de ratificar un consenso democrático y expresado en la disposición transitoria primera de la Constitución Nacional, donde se establece la legítima e imprescriptible soberanía argentina sobre las islas.

UN PARTIDO DE AJEDREZ DONDE CADA MOVIMIENTO CUENTA

El reclamo de soberanía sobre las Malvinas se acerca a cumplir dos siglos y tuvo distintos momentos en ese proceso. Uno de los momentos más importantes se dio durante el gobierno radical de Arturo Illia, en que logró la Declaración 2065 de 1966 por parte de la ONU en la cual se reconoce la disputa entre ambos países. Guerrero Iraola opina que esa gestión “demuestra cómo un buen ejercicio de la diplomacia genera resultados ante la comunidad internacional”, resaltando el apoyo de múltiples países del mundo al reclamo argentino.

Pero el abogado también destaca cuatro instancias de retrocesos importantes en la negociación argentina. El primero fue “la guerra ilegal e ilegítima de la dictadura cívico-militar, que dio por tierra con toda la construcción que se venía haciendo en materia de reivindicación soberana”. El segundo fueron los acuerdos de Madrid I y II de la década menemista, y las relaciones que el Canciller de eso años, Guido Di Tella, estableció con los isleños. El tercero sucedió en 2016, cuando bajo la administración macrista la Argentina suscribió al acuerdo Foradori-Duncan, por el cual el país se comprometía junto a Gran Bretaña a eliminar todos los obstáculos que impidieran el desarrollo económico de las Islas, que en lo concreto implicaba cuestiones como el desarrollo petrolífero, la pesca y el establecimiento de una ruta área con San Pablo, otorgándole aún más autonomía logística a la ocupación.

En esa línea el abogado del CECIM La Plata inscribe los planteos de La Libertad Avanza como un nuevo posible punto de retroceso. “No nos extraña.  La dictadura, Cambiemos y LLA tienen puntos de contacto en cuanto a la cosmovisión de lo que el Estado debe hacer en materia de soberanía. Todos ellos representan planes de entrega sistemática de la soberanía en manos de potencias extranjeras” expresó. Guerrero Iraola planteó que expresiones como la de la candidata libertaria “no son algo menor. Diana Mondino, si llega a ser ministra de Relaciones Exteriores, va a tener poder plenipotenciario, va a obligar al Estado frente a la comunidad internacional cada vez que se exprese”. En definitiva, no te trata sólo de frases aisladas, sino de posicionamientos políticos que pueden complicar el margen de negociación argentino si llegan a ser gobierno y a expresarse desde el Estado.

El proceso de negociaciones de la Argentina, pese a los arduos esfuerzos en distintos momentos de la historia, no consigue que Gran Bretaña reconozca la disputa de forma tal de sentarse en una mesa de negociación para intentar algún avance o cambio en las condiciones actuales. “Con el Reino Unido se está jugando un partido de ajedrez que ya va a cumplir casi dos siglos” afirma Guerrero Iraola, quien describe como muy complejo a ese partido “porque el Reino Unido tiene muy aceitada su diplomacia en términos de colonialismo y planifican a largo plazo”. En ese sentido, los errores que cualquier gobierno comenta en materia de argumentación en el debate internacional comprometen al Estado argentino de allí en adelante y pueden arrastrarse durante décadas y décadas. El mejor ejemplo de ello es el cambio de los términos en las relaciones que provocó la decisión de la dictadura de invadir las islas.

SIETE AÑOS DEL “MARTES NEGRO”

El 13 de septiembre del 2016 la Argentina suscribió uno de los peores acuerdos de su historia diplomática en la Cuestión Malvinas. La noche anterior, según relató en un libro el Canciller británico que lo firmara, Alan Duncan, su contraparte argentina, el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Foradori, estaba borracho en el momento de cerrar el acuerdo. La negociación se dio en la bodega de la Embajada británica, y según Duncan, “a medida que una botella tras otra iba pasando de la pared de la bodega a la mesa, las negociaciones mejoraban. A eso de las 2 de la mañana nos dimos la mano con un acuerdo general”.

El nivel de desprecio por una cuestión  tan cara al sentimiento popular de la sociedad Argentina y tan relevante para los intereses nacionales quedó, a su vez, establecida en los términos del acuerdo, que en lo concreto garantizaron avances cualitativos enormes en la estrategia británica y la logística de la ocupación. El pasado 2 de marzo, el Canciller argentino Santiago Cafiero le comunicó a su par británico, James Cleverly, la definición del gobierno de terminar el pacto. Sin embargo, las consecuencias operativas de todos estos años, entre las que se suman el haber reconocido un nuevo vuelo desde otro país neutral hacia las islas, derechos sobre la explotación comercial de los recursos naturales y el traspaso de información científica por parte de la Argentina hacia Gran Bretaña, dejaron sus huellas. Por otro lado, aunque la Argentina pueda desconocer el acuerdo, en materia de negociación internacional y bajo la doctrina de los actos propios, el retroceso político en las negociaciones es mucho más costoso en revertir.

“Se cumple otro trágico aniversario del que es conocido como el martes negro de la política diplomática argentina” afirma el abogado del CECIM, quien insiste en generar conciencia en la población sobre el legado en las negociaciones que implican estas posiciones contradictorias entre sí por parte del Estado nacional. “Por esto pedimos que haya un sostenimiento en materia de política exterior sobre Malvinas” completa Guerrero Iraola.

En ese sentido, el abogado de los ex Combatientes reafirma la preocupación de los principales referentes de la Cuestión Malvinas y de buena parte de la sociedad frente a la posibilidad de que se abra un nuevo ciclo entreguista en un posible gobierno de Milei. “Tomamos lo que dijo Mondino como una definición de política de Estado, y esto tiene un nombre y apellido, es una política de entrega de la soberanía sobre las Malvinas en favor del Reino Unido. Si nosotros convalidamos la posición de que los Kelper tienen derecho a la autodeterminación vamos a estar regalándole en bandeja el posicionamiento diplomático colonialista al Reino Unido” sentencia Guerrero Iraola.

El hartazgo de la población argentina para con el estado de situación actual quedó de manifiesto en el resultado de las PASO y se percibe generalizado. Como siempre sucede, los períodos de crisis son campo fértil para que avancen ideas y planteos que vayan en contra de los intereses nacionales y colectivos más evidentes, apalancadas en el cansancio y la necesidad de cambios de la sociedad. La democracia argentina enfrenta serios desafíos en el proceso electoral actual, y particularmente un sentimiento tan arraigado como que las Malvinas con argentinas está siendo objetiva y abiertamente puesto en cuestión. Un debate serio y profundo de estas cuestiones, sin simplificaciones interesadas por pare de los medios de comunicación, resulta tan justo como necesario para que cada quien sepa qué implica la boleta que decida poner en la urna el 22 de octubre.