En su origen, el Frente de Todos nació de la iniciativa de Cristina Fernández de Kirchner de designar como candidato a presidente a un dirigente de dilatada trayectoria, aunque con escaso poder territorial (Alberto Fernández), designándose la propia ex presidente como su compañera de fórmula en su condición de líder natural del espacio que representa la primera minoría dentro del Frente de Todos, aunque sin la capacidad para garantizar por si sola el éxito electoral y probablemente sin capacidad para gobernar: “Con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede”, era la consigna.

Todo ello generaba interrogantes en torno del funcionamiento de la coalición, tanto por el rumbo de la relación entre el presidente y la vice presidente como así también de la distribución de las responsabilidades en la futura gestión entre los diferentes actores de la nueva coalición dominante; respecto de este último desafío tres son las características que podemos señalar:

El resultado de esta modalidad decisoria y de distribución de responsabilidades no ha sido otro que la parálisis política, el bloqueo institucional y la ausencia de una definición del rumbo general de la administración, consecuencias estas que comprenden desde la definición de la relación de la Argentina con el entorno internacional, la estrategia de contención de la inflación, como así también acerca de una estrategia de negociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional.

Así es como el arreglo con el FMI aparece prisionero del dilema que atraviesa a la coalición, entre privilegiar cierta racionalidad económica o apelar a la épica fundacional. Un acuerdo con el FMI es poco sexy, aburrido y poco épico. La épica fundacional es poco racional y con potenciales consecuencias de grandes turbulencias en los próximos años, pero al mismo tiempo es un factor de movilización y fidelización del núcleo duro del “cristinismo”; en este contexto se inscriben la actitud de Máximo Kirchner de boicotear el acuerdo en torno al proyecto de presupuesto 2021 que culminó con su rechazo por parte de la oposición y su reciente renuncia a la presidencia del bloque de Diputados del Frente de Todos aunque no a su banca, en una suerte de remembranza invertida de la máxima de Eva Perón: “renuncio a la lucha, pero no a los honores”, es la nueva consigna.

¿Qué criterio político se impondrá finalmente? 

El pago reciente y el acuerdo anunciado, aun cuando se conocen al momento de escribir estas líneas pocas precisiones del mismo, van en la dirección de una mayor racionalidad: la lejanía del calendario electoral puede favorecer esta alternativa. La propia necesidad de CFK de preservar su base electoral a partir de la premisa de que sería difícil de digerir este acuerdo para ese núcleo duro en 2023, descontando además una derrota para esos comicios presidenciales, puede conspirar contra esa posibilidad. El propio viaje del presidente Alberto Fernández a Rusia y China, en medio de un contexto interno de crisis del gobierno y de crisis externa por la situación de Ucrania, alimenta la incertidumbre y las especulaciones en torno a la búsqueda de mecanismos alternativos de financiación ante una posible declaración de default de la deuda argentina con el organismo internacional como objetivo principal de esta gira presidencial.

Parafraseando al profesor Pablo Gerchunoff, la moneda está de canto.

*Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires-Argentina (UBA), Diploma de Estudios Avanzados y Doctor en América Latina Contemporánea por el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset de Madrid-España (IUOG). Profesor Asociado Regular de la Universidad de Buenos Aires (UBA)