Los errores del presente alteran la trayectoria de los eventos futuros. Aunque este concepto sea de sentido común para muchos, no forma parte de los fundamentos teóricos de la visión económica convencional. En líneas generales, la teoría neoclásica supone que las economías de mercado operan bajo condiciones predeterminadas y que tienden al equilibrio general en el largo plazo.

Sin embargo, existen teorías económicas conectadas con el mundo real que desarrollan un enfoque alternativo. Por ejemplo, en la tradición keynesiana la política económica determina la trayectoria del producto potencial de largo plazo por medio del efecto multiplicador del gasto y el acelerador de la inversión. “El largo plazo es la sucesión de cortos plazos” diría el economista polaco Michal Kalecki.

En este caso, la mala praxis no solo es un tropezón de corto plazo, sino que también compromete el desarrollo económico. Por ejemplo, el descontrolado endeudamiento en dólares del actual gobierno ha colocado al país nuevamente al borde de una disrupción contractual. Los economistas de Cambiemos creyeron que la inflación se debía a un supuesto exceso de demanda agregada (liderada por el gasto kirchnerista) que se resolvía fácilmente aplicando un sistema de metas de inflación. También creyeron que con simples gestos y buenos modales bastaba para generar una “lluvia de inversiones”. En otras palabras, creyeron que el desafío sería la apreciación del tipo de cambio y no una profunda crisis cambiaria. Por tal motivo, el gobierno prefirió emitir deuda en dólares (también para financiar gastos corrientes) porque creía que de esa forma reducía el costo fiscal del endeudamiento.

De acuerdo a los últimos datos disponibles, la deuda publica denominada en moneda extranjera en manos de privados y organismos internacionales alcanzo los 160 mil millones de dólares (44 por ciento del PBI) y, la diferencia entre dicha deuda y las reservas internacionales alcanzo los 108 mil millones de dólares (30 por ciento del PBI). Para tener alguna dimensión del problema, Argentina declaró el default en 2001 cuando dicha deuda había alcanzado los 137 mil millones (42 por ciento del PBI) y la diferencia deuda-reservas los 121 mil millones (38 por ciento del PBI). Aunque las comparaciones históricas siempre son arbitrarias no hay duda que la situación actual es alarmante.

Por ultimo, como si fuera poco, las condicionalidades del FMI basadas en su tradicional programa de ajuste fiscal, metas monetarias y tipo de cambio flexible se han tornado un obstáculo para la recuperación económica. Por ejemplo, la meta de base monetaria, un objetivo imposible de cumplir en el mediano plazo porque la cantidad de dinero es un fenómeno endógeno determinado por el sistema bancario y las decisiones de cartera del sector privado esta incrementando la fragilidad externa. Concretamente, el Banco Bentral ha estado interviniendo tímidamente en el mercado de cambios, desaprovechando la oportunidad de fortalecer considerablemente las reservas internacionales. Basta con hacer un simple ejercicio para entender la urgencia: si descontásemos los dólares del FMI y la ampliación reciente del swap con China, observaríamos un drenaje estructural de las reservas internacionales “genuinas”.