El Plan Sandleris tuvo su primera prueba de resistencia en su poco menos de un mes de vigencia. Hablamos del nuevo esquema de política monetaria (y cambiaria determinado en base al primero), que finalmente reemplaza al de metas de inflación, que igualmente nunca –y sólo basta con ver los últimos dos años- tuvo un resultado eficaz. Ahora bien, que lo tenga o no el actual esquema, en parte dependerá justamente de la credibilidad o no del mismo. Un último punto que nos hace jugar con probabilidades, para poder determinar diferentes escenarios posibles para la economía (y en consecuencia, los activos financieros argentinos). Nuestro escenario base, de hecho y como punto de partida, es positivo. No obstante, esto no implica que habrá ganadores y perdedores dentro de este “juego”; y los mismos, incluso, serán diferentes si hablamos en horizonte de corto o largo plazo. Esto implica que la elección de los instrumentos de inversión no será indiferente.

Pero volvamos antes un paso atrás. En lo que avanzó el BCRA –en el marco del nuevo acuerdo con el FMI- fue hacia una definición inédita en donde “liga” la política monetaria a la cantidad de dinero. Estrictamente, a la oferta de Base Monetaria (BM), que anunció que será fija en los próximos 9 meses (o en su defecto, mostrará una expansión mensual en promedio “nula”). Bajo este esquema, el BCRA finalmente buscará una mayor estabilidad en el tipo de cambio –que acumula en el año una devaluación del orden del 93.7%-, y una baja (se espera fuerte) en la inflación –en particular, desde principios del año próximo-.

El esquema cambiario, en tanto, que acompaña esta política será de bandas de intervención que –como mantienen un ajuste diario- se ubican hoy en niveles de piso de $34.72 y de techo del $44.73. Ahora bien, ¿qué pasará con el comportamiento del billete en este sistema? Irá a testear –y hasta quizás superar el límite superior- con desconfianza, mientras que con credibilidad creciente -en la práctica significa que “la gente” quiere más dinero- el dólar buscará la parte inferior, o incluso podrá caer debajo de ese nivel. El cruce de ambos límites, como quedó establecido, permitirá al BCRA actuar según corresponda.

La tasa de interés, un dato endógeno en este sistema, actuará básicamente de la misma forma; con credibilidad o confianza bajaría, y en el caso contrario subiría respondiendo al movimiento de la liquidez. Partiendo igualmente, y se debe tener en cuenta, de un piso alto para las mismas buscando que los pesos (que serán pocos) ganen atractivo.

Las primeras señales del mercado para el nuevo esquema fueron positivas; es decir, en términos de las palabras que venimos usando, existe un voto de fe a que el BCRA tenga éxito en su objetivo. El tipo de cambio en el mes bajó 11.1%, y los depósitos del sector privado- alentados por las tasas- subieron 3.7% frente al promedio de septiembre. Incluso las tasas de interés, aunque marginalmente, también cayeron respecto a las primeras ruedas del mes. Las colocaciones de LELIQ –hoy, el instrumento de regulación monetaria para absorber los pesos excedentes- tocaron rendimientos máximos del orden del 73-73.5% contra un promedio actual del 72%. Igual hay que entender que la tasa mantendrá una volatilidad posiblemente alta en este “juego”.

Teniendo en cuenta esta coyuntura, entendemos que el resultado de la colocación de LEBAC de esta semana se ha pasado con relativo éxito –un punto no menor para la credibilidad de que la hablamos como sustento base-. Lógicamente no se evitó cierta presión adicional sobre el tipo de cambio (en particular, en los niveles que se estaban operando –cercanos a los $ 36- ), pero la mayoría de los pesos liberados fueron absorbidos por otros instrumentos en pesos. No obstante, esta política no es gratis. Su mayor costo –y de forma rápida- se reflejará en la actividad.

Por último, en lo que respecta a qué posición adoptar dentro de una cartera de inversiones, y como empezamos debemos plantear diferentes probables escenarios. Si partimos del base, en donde el éxito de este nuevo esquema, da el resultado esperado – y permite incluso empezar a pensar en una recuperación de la actividad desde el segundo trimestre del 2019- creemos que para los pesos hay atractivo en los instrumentos que hoy permiten captar las altas tasas con las que funciona el esquema como Letras del Tesoro y títulos ajustables a Badlar. Para la posición en USD, ya que apuntamos a una cartera diversificada (evitando quedar expuesto a riesgo moneda), las oportunidades apuntan a la curva de bonos soberanos de corto y mediano, y subsoberano aunque diferenciando acá por riesgo de crédito.